(Fotografía de Uri Vagham, La Habana, 2003)

sábado, 22 de agosto de 2026

The Lancet, el sistema sanitario cubano y la desinformación disfrazada






El 22 de agosto de 2026 se publicó en The Lancet el artículo “La crisis sanitaria se agrava en Cuba”, con el subtítulo “La grave escasez de combustible y suministros médicos ha sumido al sistema sanitario en el caos”, firmado por Joe Parkin Daniels (The Lancet, vol 408, num 10.556, pag 684).

El trabajo describe bien la difícil situación del país y de su sistema sanitario, señalando con claridad la causa: “El bloqueo petrolero estadounidense”, pero el lenguaje que utiliza en varios párrafos resulta tendencioso, sesgado y alineado con claridad, y siempre a mi modo de ver, con las deplorables intenciones del agresor. El lenguaje nunca es neutro, ni ausente del sentido que quien lo usa quiera darle, y lo que en el artículo se comenta y cómo lo hace no es algo que no hayamos visto antes en otras publicaciones generales, pero el hecho de comprobarlo en una prestigiosa revista científica resulta aún más lamentable y cuestionable pues, como casi siempre, en las palabras, más que en los contenidos, está el truco y la manipulación.

Así, se habla de “la detención del presidente autocrático de Venezuela”, en un alarde de aclaración que nadie le ha pedido de un hecho marginal al objetivo del trabajo, estableciendo así una primera alarma sobre las auténticas intenciones del editorialista. Mucho podríamos puntualizar al respecto, pero me quedaré solo con lo evidente: EEUU no puede detener a nadie en país alguno porque el mundo no está bajo su jurisdicción universal y carece de autoridad para ello. Mucho menos hacerlo con el presidente de un país soberano. Lo que hizo con Maduro se llama secuestro tras una invasión de otro país, Venezuela, que produjo más de 100 muertos, 32 de los cuáles eran cubanos.

Sobre la concentración de todo el poder en una sola persona, según sugiere el texto cuando habla de autocracia, habrá que recordarle al autor que ese saqueado país tiene una constitución y unas leyes, y que a sus representantes se les elige en comicios democráticos en los que participan todos los partidos políticos que quieran concurrir. Si el comentario quiere recordar que las últimas elecciones presidenciales fueron muy controvertidas y la oposición y todo el movimiento mediático mundial que la respalda las tacharon de fraudulentas, habría que considerar también que cuando EEUU, tras el secuestro del presidente, decidió no elevar a la líder opositora María Corina Machado al cargo de “presidenta encargada” lo hizo aduciendo “que no gozaba del respaldo de la mayor parte del pueblo venezolano”. Dadas las circunstancias el sentido común nos lleva a pensar que es difícil ganar masivamente unas elecciones, como afirman, y no tener un amplio respaldo en la población.

Si seguimos disecando el auténtico interés del artículo y resaltando sus inconsistencias concluiremos que estas consideraciones serían del todo innecesarias sin la aportación gratuita del autor a cuestiones completamente accesorias para la supuesta finalidad del editorial.

Se habla de Venezuela y de su presidente y aunque no se hace del de Perú, Ecuador o Colombia ¿alguien cree que si Parkin Daniels hubiera encontrado el más mínimo argumento para traerlos a colación les hubiera etiquetado de “autoritarios”? Por supuesto que no, a pesar de que se acumulan las evidencias de que llegaron al poder tras elecciones en las que las pruebas de fraude fueron apabullantes.

Cuando, poco más adelante, se explica que el corte del suministro energético a Cuba forma parte de una campaña para “presionar al gobierno comunista cubano”, el subconsciente o la intención calculada del ensayista, nunca se podrá saber, vuelve a aflorar en el texto señalando cuestiones completamente innecesarias para el curso del relato, pero bien dirigidas, seguramente, a una parte de los lectores que tendrá en cuenta que el castigo a Cuba es cruel, sí, pero posiblemente merecido por tener un  gobierno comunista.

El presidente Lula declaró en la apertura del Foro de Sao Paulo, el 2 de julio de 1990, que “nos ofenderíamos si nos llamaran nazis, neofascistas o terroristas. Pero nunca comunistas o socialistas. Eso no nos ofende. Nos enorgullece”. No obstante, para algunos de los que lean el editorial de The Lancet posiblemente el presidente Díaz Canel y sus ministros tengan cuernos y rabo y si los cubanos sufren las consecuencias del bloqueo, de alguna forma se lo han buscado por no quitarse de en medio a esos gobernantes.

Contrasta este tratamiento, ¿qué esperaban?, con el que da al gobierno de EEUU al que nunca lo adorna con la etiqueta de fascista, imperialista o, simplemente, capitalista, sin duda porque es un dato irrelevante, una nimiedad sin importancia comparada con el color político -rojo, claro- del gobierno de Cuba. Y en el catálogo de los olvidos destaca un rasgo de sinceridad que hubiera sido muy coherente si al predicado de la oración que afirma que el gobierno norteamericano exige a Cuba “que abra su economía y su sistema político” se le hubiera completado con la guinda discursiva de “a los intereses de EEUU”, para que cada cual, si es que acaso tuviera dudas, supiera a qué atenerse.

Pero, en un frenético cambio de guion que no por esperado deja de sorprendernos, en el último párrafo se trata la situación del sistema sanitario de Cuba obviando cualquier responsabilidad del criminal asedio de EEUU, como si lo que pasa fuera fruto de la mala suerte, de los hados adversos, el destino desfavorable o una fuerza cruel de la naturaleza. O, peor aún, “del declive del país”, como dice, de modo que el lector pueda concluir que quienes lo dirigen son unos ineptos o quizás unos corruptos. Porque según explica “lo que antes se presentaba como un modelo de sistema de salud pública ahora es incapaz de diagnosticar enfermedades virales comunes…”, lo que llevará sin duda a cualquier lector a concluir que no sería tan bueno, ni tan sólido, como nos querían hacer creer, al constatar que se desmorona como un castillo de naipes.

¿Y qué suponían, si en hospitales y consultorios no hay luz, ni agua, ni medicinas, ni ambulancias, porque no tienen combustible para circular? No sé qué esperaban, pero sí sé lo que pretende el autor: generar dudas sobre su calidad y su capacidad de resolución, como si se tratara de un sistema que no tiene interconexión con el exterior, ni necesidades básicas para su funcionamiento. De este modo, una piedra tras otra, nos va convenciendo de que lo mejor sería que los EEUU se hicieran cargo de una vez del fallido país e instalara otro gobierno que pusiera a funcionar lo que la incompetencia, cuando no la deshonestidad, del gobierno comunista es incapaz de sostener.

A estas alturas no nos sorprende que la manipulación, la tendenciosidad y la mentira impregne permanentemente el relato que nos dan sobre Cuba. Pero que The Lancet se brinde a contribuir a esta desinformación es triste y lamentable. Quizás debiéramos preguntarnos quiénes mandan en esa revista y para quiénes trabajan.  


Manuel Díaz Olalla
Madrid, 22 de agosto de 2022

 

Nota del Autor. Respondiendo a la última pregunta leo que Elsevier, el dueño de The Lancet, es a su vez propiedad exclusiva de RELX, consorcio británico cuyos mayores accionistas son BlackRock, el famoso y devorador fondo buitre mundial, y otros fondos de inversión como Vanguard Group y Lindsell Train Limited. En fin, que no hay más preguntas señoría. 

 

 

 

No hay comentarios: