El 22 de agosto de 2026 se publicó en The Lancet el artículo
“La crisis sanitaria se agrava en Cuba”, con el subtítulo “La grave escasez de
combustible y suministros médicos ha sumido al sistema sanitario en el caos”,
firmado por Joe Parkin Daniels (The Lancet, vol 408, num 10.556, pag 684).
El trabajo describe bien la difícil situación del país y de su
sistema sanitario, señalando con claridad la causa: “El bloqueo petrolero
estadounidense”, pero el lenguaje que utiliza en varios párrafos resulta
tendencioso, sesgado y alineado con claridad, y siempre a mi modo de ver, con
las deplorables intenciones del agresor. El lenguaje nunca es neutro, ni
ausente del sentido que quien lo usa quiera darle, y lo que en el artículo se comenta y cómo lo hace no es algo
que no hayamos visto antes en otras publicaciones generales, pero el hecho de comprobarlo
en una prestigiosa revista científica resulta aún más lamentable y cuestionable
pues, como casi siempre, en las palabras, más que en los contenidos, está el
truco y la manipulación.
Así, se habla de “la detención del presidente autocrático de
Venezuela”, en un alarde de aclaración que nadie le ha pedido de un hecho
marginal al objetivo del trabajo, estableciendo así una primera alarma sobre
las auténticas intenciones del editorialista. Mucho podríamos puntualizar al
respecto, pero me quedaré solo con lo evidente: EEUU no puede detener a nadie
en país alguno porque el mundo no está bajo su jurisdicción universal y carece de
autoridad para ello. Mucho menos hacerlo con el presidente de un país soberano.
Lo que hizo con Maduro se llama secuestro tras una invasión de otro país,
Venezuela, que produjo más de 100 muertos, 32 de los cuáles eran cubanos.
Sobre la concentración de todo el poder en una sola persona,
según sugiere el texto cuando habla de autocracia, habrá que recordarle al autor que ese saqueado país tiene
una constitución y unas leyes, y que a sus representantes se les elige en
comicios democráticos en los que participan todos los partidos políticos que
quieran concurrir. Si el comentario quiere recordar que las últimas elecciones presidenciales
fueron muy controvertidas y la oposición y todo el movimiento mediático mundial
que la respalda las tacharon de fraudulentas, habría que considerar también que
cuando EEUU, tras el secuestro del presidente, decidió no elevar a la líder
opositora María Corina Machado al cargo de “presidenta encargada” lo hizo
aduciendo “que no gozaba del respaldo de la mayor parte del pueblo venezolano”.
Dadas las circunstancias el sentido común nos lleva a pensar que es difícil ganar
masivamente unas elecciones, como afirman, y no tener un amplio respaldo en la población.
Si seguimos disecando el auténtico interés del artículo y resaltando sus inconsistencias concluiremos que estas consideraciones serían
del todo innecesarias sin la aportación gratuita del autor a cuestiones
completamente accesorias para la supuesta finalidad del editorial.
Se habla de Venezuela y de su presidente y aunque no se hace
del de Perú, Ecuador o Colombia ¿alguien cree que si Parkin Daniels hubiera
encontrado el más mínimo argumento para traerlos a colación les hubiera
etiquetado de “autoritarios”? Por supuesto que no, a pesar de que se acumulan
las evidencias de que llegaron al poder tras elecciones en las que las pruebas
de fraude fueron apabullantes.
Cuando, poco más adelante, se explica que el corte del
suministro energético a Cuba forma parte de una campaña para “presionar al
gobierno comunista cubano”, el subconsciente o la intención calculada del ensayista,
nunca se podrá saber, vuelve a aflorar en el texto señalando cuestiones
completamente innecesarias para el curso del relato, pero bien dirigidas, seguramente, a una
parte de los lectores que tendrá en cuenta que el castigo a Cuba es cruel, sí, pero
posiblemente merecido por tener ungobierno comunista.
El presidente Lula declaró en la
apertura del Foro de Sao Paulo, el 2 de julio de 1990, que “nos ofenderíamos si
nos llamaran nazis, neofascistas o terroristas. Pero nunca comunistas o socialistas.
Eso no nos ofende. Nos enorgullece”. No obstante, para algunos de los que lean el editorial de The Lancet posiblemente el presidente Díaz Canel y sus
ministros tengan cuernos y rabo y si los cubanos sufren las consecuencias del bloqueo, de alguna forma se lo han buscado por
no quitarse de en medio a esos gobernantes.
Contrasta este tratamiento, ¿qué esperaban?, con el que da al gobierno de EEUU al que nunca lo adorna con la etiqueta de fascista, imperialista
o, simplemente, capitalista, sin duda porque es un dato irrelevante, una nimiedad
sin importancia comparada con el color político -rojo, claro- del gobierno de Cuba. Y en el
catálogo de los olvidos destaca un rasgo de sinceridad que hubiera sido muy
coherente si al predicado de la oración que afirma que el gobierno
norteamericano exige a Cuba “que abra su economía y su sistema político” se le hubiera
completado con la guinda discursiva de “a los intereses de EEUU”, para que cada cual, si es
que acaso tuviera dudas, supiera a qué atenerse.
Pero, en un frenético cambio de guion que no por esperado
deja de sorprendernos, en el último párrafo se trata la situación del sistema
sanitario de Cuba obviando cualquier responsabilidad del criminal asedio de
EEUU, como si lo que pasa fuera fruto de la mala suerte, de los hados adversos,
el destino desfavorable o una fuerza cruel de la naturaleza. O, peor aún, “del
declive del país”, como dice, de modo que el lector pueda concluir que quienes
lo dirigen son unos ineptos o quizás unos corruptos. Porque según explica “lo que
antes se presentaba como un modelo de sistema de salud pública ahora es incapaz
de diagnosticar enfermedades virales comunes…”, lo que llevará sin duda a cualquier
lector a concluir que no sería tan bueno, ni tan sólido, como nos querían hacer
creer, al constatar que se desmorona como un castillo de naipes.
¿Y qué suponían, si en hospitales y consultorios no hay luz,
ni agua, ni medicinas, ni ambulancias, porque no tienen combustible para
circular? No sé qué esperaban, pero sí sé lo que pretende el autor: generar dudas
sobre su calidad y su capacidad de resolución, como si se tratara de un sistema
que no tiene interconexión con el exterior, ni necesidades básicas para su funcionamiento.
De este modo, una piedra tras otra, nos va convenciendo de que lo mejor
sería que los EEUU se hicieran cargo de una vez del fallido país e instalara otro
gobierno que pusiera a funcionar lo que la incompetencia, cuando no la
deshonestidad, del gobierno comunista es incapaz de sostener.
A estas alturas no nos sorprende que la manipulación, la
tendenciosidad y la mentira impregne permanentemente el relato que nos dan
sobre Cuba. Pero que The Lancet se brinde a contribuir a esta desinformación es
triste y lamentable. Quizás debiéramos preguntarnos quiénes mandan en esa
revista y para quiénes trabajan.
Manuel Díaz Olalla Madrid, 22 de agosto de 2022
Nota del Autor. Respondiendo a la última pregunta leo que Elsevier, el dueño de The Lancet, es a su vez propiedad exclusiva de RELX, consorcio británico cuyos mayores accionistas son BlackRock, el famoso y devorador fondo buitre mundial, y otros fondos de inversión como Vanguard Group y Lindsell Train Limited. En fin, que no hay más preguntas señoría.
Me resistía a hacerlo, pero mi indecisión no se debe al
análisis realista de que otros ya han escrito sobre esto mejor que yo. Nace del
convencimiento de que es difícil llegar a un número significativo de lectores,
especialmente a quienes no comparten mis ideas; unas ideas que, en esta
ocasión, considero difícilmente refutables desde la lógica, la justicia y el
sentido común. Pensaba y pienso que escribir este texto es en buena parte un
brindis al sol que busca más que otra cosa una recompensa personal inmediata:
un remedio paliativo para este sentimiento de impotencia que el bárbaro asedio
a Cuba me produce, pero no es menos cierto que, parafraseando a Martí, estar
con ese maltratado país y levantarse con él ahora es hacerlo para todos los
tiempos, aunque sea, añado yo, desde la comodidad de nuestra lejanía física y
sin sufrir los embates “en vivo y en directo” de esta agresión constante a la
que se ve injustamente sometido.
Por ello, finalmente tomo la pluma o el teclado, que tanto
da, y me pongo a ello.
Vivimos dominados por un vértigo que, como si de la fría
mirada de una cobra se tratara, nos mantiene paralizados a la espera de la
mordedura letal, sin capacidad de creer lo que está pasando y de reaccionar
ante la gravedad de la amenaza, por ese orden.
Y si nos sentimos así lo primero será reconocer que somos
unos estúpidos que hemos creído que el mundo ya no se regía por la ley que
impone el más fuerte, sino que existían unas normas de obligado cumplimiento,
llamémosle Derecho Internacional, o incluso Derecho Humanitario Internacional,
Multilateralismo, Naciones Unidas, y no sé cuántas mentiras más que nos han
inculcado desde el final de la segunda gran guerra con el infame propósito de
que creyéramos que habíamos rebasado la edad media y esto funcionaba de otra
manera.
Tenemos que admitir que, aunque bienintencionados, somos
unos necios tan ingenuos que hemos trasladado esa falsa noticia que anunciaba
un nuevo orden internacional a otros que, sin duda, se la habrán creído y que
ahora se sentirán tan traicionados como nosotros, aunque sin el agravante de
cargar con la responsabilidad adicional de haber servido de portavoces del gran
engaño del último siglo. Con esa culpa nos quedamos otros.
Señales de genocidio
Nos dieron señales, no lo niego, pero no supimos verlas o
reaccionar a tiempo y los neofascistas que están gobernando el mundo se han
envalentonado, certificando que no hay límites para su maldad y que
pueden hacer lo que quieran sin que nadie les enfrente o, más allá de alguna
muestra tímida de incomodidad o discrepancia, les impida seguir campando a sus
anchas, doblegando la voluntad de la mayoría y cometiendo todo tipo de crímenes
y tropelías con el firme propósito de imponer su poder y apropiarse de lo que
no es suyo para, desde su riqueza infinita e ilegítima, seguirnos sometiendo y
construyendo un mundo cada vez más injusto y
cruel.
Debimos verlo en Gaza y Líbano, y aunque los pueblos en
general y muchas personas decentes gritamos y nos rebelamos contra ese
genocidio, los gobernantes de Occidente se mantuvieron impasibles y sin mover
un dedo, cuando no apoyando al régimen sionista en la barbarie televisada a
diario que cometió y comete contra el pueblo palestino. Tendríamos que haber
exigido a nuestros corruptos gobernantes (¿acaso su inacción admite otra
calificación?) que se plantaran ante Trump y su cohorte de facinerosos cuando
asesinaron a decenas de miles de personas en Palestina, secuestraron al
presidente de Venezuela ante los impávidos ojos de todos, intervinieron y
manipularon a su antojo las elecciones de muchos países de Latinoamérica
colocando fraudulentamente a sus títeres en las presidencias, amenazaron con
apropiarse de Groenlandia y atacaron sin causa ni sentido a Irán por segunda
vez en pocos meses.
Y así hemos llegado a este genocidio que se comete hoy
contra Cuba, silencioso solo porque no arrojan -aún- bombas, que no es más que
una nueva y brutal vuelta de tuerca al feroz bloqueo financiero, comercial y,
ahora, energético, que durante más de seis décadas le ha impuesto EEUU. Y no
importa que reiteradamente merezca el rechazo de la mayoría de los países del
mundo en la Asamblea General de Naciones Unidas ya que, por encima de eso,
nadie lo impedirá, ni obstaculizará, ni enfrentará con medidas verdaderamente
útiles. Es verdad que la solidaridad es fundamental, según dicen es la ternura
de los pueblos, y si así fuera podríamos preguntarnos: ¿dónde está la
solidaridad de los gobiernos? Es cierto que la han mostrado, y mucho, México, y
también Brasil, y de modo más contundente aún, incluso con rotundos rechazos y
severas advertencias, China y Rusia, pero después de los agradecimientos, Cuba,
mirándolos fijamente a todos podría ironizar con el estribillo de aquella
canción de J.Lo y preguntarles: “¿y el petróleo p’a cuándo?”.
De bloqueos, su finalidad y sus (inconfesables) intenciones
El uso del bloqueo como instrumento indiscriminado para
someter a un pueblo es una repugnante arma de guerra anterior a la época
medieval, pues su esencia nos retrotrae al 133 a. C, año en que el general
romano Publio Cornelio Escipión sometió a Numancia después de 13 meses de
hambruna y enfermedades, tras los que los numantinos, agotados sus víveres,
decidieron poner fin a su situación entregándose algunos en condición de
esclavos, o suicidándose la gran mayoría. Nos traslada también a algún asedio
más reciente, como el de Biafra, en Nigeria, en 1967, que según se calcula
provocó hasta tres millones de muertos, muchos de ellos niños y niñas. Esta
barbaridad contemporánea, tan rotundamente retratada por Chimamanda Ngozi
Adichie en su novela “Medio sol amarillo”, tiene profundas resonancias para las
organizaciones humanitarias internacionales, lo que nos lleva a preguntarnos:
¿dónde está ahora el movimiento humanitario internacional y qué hace por Cuba?
Porque si es cierto que el movimiento se demuestra andando, ¿dónde están sus
denuncias, santo y seña del humanitarismo moderno?, ¿dónde el testimonio?,
¿dónde el altoparlante para la voz de las víctimas?
Porque al fin, de una manera u otra, estos terribles cercos
buscan lo mismo en todos los casos: rendir a un pueblo que no se doblega o no
se rebela contra sus dirigentes, cuyo recambio busca el acosador para mejorar
su posición o sus negocios en el país estrangulado o, incluso, y más
usualmente, para garantizar su expolio sin oposición ninguna.
A veces, como en este caso, la extorsión es también
extraterritorial y afecta a empresas de otros países, incluso occidentales y
aliados de Washington, como grandes cadenas hoteleras de España o Canadá, con
negocios, instalaciones e intereses en Cuba, sin que los mezquinos dirigentes
de esos países, o de Europa, interpelen al hegemón que impone su criterio y su
fuerza o le exijan comedimiento o contención, a pesar del daño que está
causando a la economía de la élite europea y de otros países.
No se lo exigen, no, y solo por plantearlo me descubro de
nuevo como el iluso que soy al no querer darme cuenta de algo evidente: si no
lo hacen es porque Occidente, esto es, Europa Occidental, Canadá, Oceanía,
Japón y Corea del Sur, tiene los mismos intereses que EEUU en este condenable
atropello, aunque, quizás por temor a la reacción de sus opiniones públicas,
sus dirigentes hayan escogido el perfil bajo de ignorar los hechos, a pesar de
que, como decía Miguel Hernández, por más que “quieran ocultar la infamia, el
color de cobardes no se les irá de la cara”.
Algún incauto como el que suscribe, aunque con un sentido
más realista de la geopolítica, es de la opinión de que lo que realmente pasa
es que la dependencia política, económica, de seguridad, etc., que Europa tiene
de EEUU le impide tomar cualquier decisión autónoma, por tímida que sea, que le
aparte un solo milímetro del guion que la potencia norteamericana tiene escrito
para sus acólitos del mundo entero. Si así fuera, y no dudo que haya mucho de
ello en la vil postura de los aliados de EEUU ante el inhumano bloqueo a Cuba,
lejos de que ese vasallaje se pueda considerar como exculpatorio de su ruindad, deberíamos interpretarlo más bien como una muestra más de la profunda
degradación en que está sumida la clase política europea desde hace años. ¿O es
que poner a disposición de las políticas de la élite norteamericana los
intereses de 450 millones de europeos, eliminando el rastro de la más mínima
autonomía de la política exterior de la UE y sus países miembros es poca
prueba del nivel de descomposición y abandono al que han llegado nuestros
gobernantes? ¿Acaso el temor a represalias comerciales justificaría
la indigna pasividad que demuestran respecto al genocidio lento que se comete
contra el admirable pueblo de la mayor de las Antillas? Por supuesto
que no. Y de nada valen los gestos torcidos, los desplantes teatrales, ni la
aureola de santurrones con que algunos quisieran disfrazarse cuando ante los
hechos consumados se revelan tan obedientes de los designios del emperador
como cualquiera.
Porque las prioridades son las prioridades, y hacer
política, por encima de declaraciones de intención, es decidir dónde se ponen
los recursos y dónde no. España, sin ir más lejos, ha destinado 9.500 millones
de € extras a material militar en la primera mitad de 2026 para cumplir con la
OTAN y Trump, de modo que este esfuerzo presiona las cuentas públicas y amenaza
partidas como la sanidad y la educación según informa la prensa, que no se
abstiene de señalar que se trata del mayor aumento del gasto en defensa en
décadas. Mientras, Sánchez finge ser el malote de esta
película frente a Trump, aporta una escuálida parte de los 16 millones de € que
la UE va a destinar este año a Cuba en concepto de Ayuda Humanitaria (sí, ha
leído bien, 16 frente a 9.500 para EEUU y su industria militar) y no dice una
sola palabra, como sus conmilitones de los otros países del viejo continente,
del brutal asedio a Cuba que su patrón en el tablero mundial ha decretado hasta
la inanición de su heroico pueblo.
Decía Hannah Arendt que el peligro de la banalidad del mal
viene de gente corriente que deja de pensar y solo cumple órdenes. El pueblo
alemán fue un ejemplo de ello durante el Holocausto y hoy en día los
dirigentes europeos y de otros países vuelven a caer en ese mismo error, y al
decidir no pensar y obedecer se sitúan entre los colaboradores necesarios que
todo crimen precisa, facilitando que se produzca todo el daño que el reyezuelo
de la piel anaranjada y su tracatán Rubio han decidido causar
al pueblo de Cuba por no querer arrodillarse ante el imperio y por negarse a
acatar sus designios como han hecho otros.
Porque Cuba se encuentra en estos momentos sufriendo el
bloqueo que EEUU le ha impuesto desde hace 65 años elevado a la enésima
potencia. Se trata ya de un acorralamiento energético y de un acto de guerra
con el que se castiga a casi 10 millones de personas. Las sanciones económicas,
una versión infinitamente más benigna que el bloqueo que padece Cuba, son
medidas extremas que puede aplicar el Consejo de Seguridad, el único órgano con
competencias universales para imponer medidas obligatorias a los Estados
miembros bajo el Capítulo VII de la Carta de las Naciones Unidas, solo cuando
existe un peligro para la paz y siempre contra países que son considerados una
amenaza para los demás. Según lo establecido en aquel documento fundacional se
deciden de forma consensuada evitando producir un daño excesivo a la población,
por lo que las medidas unilaterales coercitivas que toman uno o algunos países
no son legales según el derecho internacional general, ya que infringen los
principios de no intervención, igualdad soberana y solución pacífica de controversias.
Porque como ya se expresó este tipo de interposiciones busca
en realidad, y aunque no se diga abiertamente, castigar a la población para
que, desesperada, promueva un vuelco interior que logre los cambios que quienes
las decretan no pueden conseguir. A veces se reconoce sin tapujos (“Las
sanciones a Rusia son un veneno de acción lenta e irreversible”, declaró Josep
Borrell el 15 de febrero de 2023 a la agencia Efe), aunque no es lo usual. Pero
lo cierto es que aproximadamente un tercio de la población mundial se encuentra
bajo los efectos de alguna de estas rechazables medidas, una proporción
parecida si hablamos del PIB mundial que acumulan los países que sufren estos
castigos.
Las cuentas de la devastación
Las sanciones que han impuesto EEUU y la Unión Europea de
1971 a 2021 a otros países son las más devastadoras de la historia, superando
con creces a las decretadas por las Naciones Unidas. Según un reciente análisis
publicado en Lancet Global Health (“Efectos de las sanciones
internacionales sobre la mortalidad”, Prof. Rodríguez et al., Universidad de
Denver, agosto 2025), estas medidas han causado 564.258 muertes al año. La
cifra es dramática si se compara con las guerras, a las que se imputan algo más
de 100.000 decesos anuales en el mismo periodo. El estrangulamiento económico
mata más que las armas y, como afirma Juan Torres López, catedrático de
Economía de la Universidad de Sevilla, es una forma de guerra no declarada como
tal, aunque mucho más cruel y sanguinaria, puesto que se orienta a “dañar a la
población civil que se supone no es quien debe ser el sujeto activo de un
conflicto bélico” (“La guerra silenciosa y más cruel”, Ganas de
escribir, noviembre 2025). Estos desmanes aumentan de forma nítida la
mortalidad infantil, la materna y la general, en especial entre la población
más vulnerable, incrementando de modo exponencial la desnutrición. Son
lamentablemente exitosas, por tanto, en su efecto inmediato de producir daño
como un fin en sí mismo, dolor y sufrimiento a la gente inocente, pero lo son
muy poco para alcanzar los objetivos de cambios de gobierno o régimen que
supuestamente las justifican.
Porque como se apunta, los efectos de estas bárbaras medidas
son bien conocidos desde hace años. En el año 2000 tuvimos la suerte de visitar
Irak, país sometido en aquél momento al castigo colectivo mundial
ordenado por la ONU denominado “Petróleo por alimentos”, donde pudimos
constatar que la mortalidad infantil había aumentado de manera dramática,
pasando de 56 menores de un año fallecidos por cada mil nacidos vivos en1989 a
136 por mil en el plazo de 10 años, que un 20% de los recién nacidos presentaba
bajo peso, que más de 800.000 niños y niñas menores de 5 años padecían desnutrición
crónica y un porcentaje elevado anemia y raquitismo, uno de cada diez
desnutrición aguda y cada niño menor de esa edad soportaba
anualmente una media de 14 episodios de diarrea, de tal forma que el 70% de las
muertes infantiles lo era por estos problemas o por infecciones respiratorias
agudas, patologías todas ellas remediables con mejores condiciones de vida (Revista Temas
para el debate, nº100, marzo 2003, pg. 68-70).
Pero posiblemente, el caso más sangrante y reprobable por su
saña y duración sea el que estamos tratando: el bloqueo de Estados Unidos a
Cuba. El “embargo”, como lo llaman eufemísticamente para disfrazar su crueldad
quienes lo defienden y ejecutan, se lleva imponiendo desde 1962 y ha costado a
la Isla un total de 170.000 millones de dólares, lo suficiente para dar de
comer a toda la población cubana durante más de un siglo, sin que desde
entonces haya cambiado el régimen político ni alcanzado uno solo de sus
propósitos intermedios, a no ser el sufrimiento y la penuria de los cubanos.
Los datos más recientes informan que en esta nueva etapa de agudización y
extensión de las medidas se observan aumentos sensibles de la mortalidad
infantil (que era una de las más bajas de América) y de la mortalidad general,
los que sin duda irán seguidos de otros indicadores del deterioro de la salud
colectiva debido al colapso de un sistema sanitario que, aunque sólido,
universal, gratuito y eficaz, carece en estos momentos de suficiente energía
eléctrica como para mantener sus actividades mínimas e indispensables, además
de por el declive de la alimentación, la salud pública, la cantidad y la calidad del agua, la
climatización de las viviendas, el transporte, las condiciones medioambientales
y un largo etcétera. La falta de combustible provocada por el sitio naval
impuesto bajo amenazas por el gobierno de los EEUU y la cobardía de los demás
países que podrían desafiar esa ilegal imposición, pero no lo hacen, suspende o
ralentiza toda actuación fundamental, no ya para el bienestar, sino simplemente
para la supervivencia.
La ley de la selva
Ha escrito la Casa de las Américas de Cuba en declaración
del 13 de julio que “un siniestro fantasma recorre el mundo: el fantasma
del neofascismo”. Si exceptuamos Palestina, la inmoralidad de las acciones del
Imperio contra Cuba no encuentra parangón en la historia reciente y escandaliza
e indigna a cualquier persona decente y con sentimientos, sin necesidad de
apelar, siquiera, al cuerpo del Derecho Internacional. Se trata simple y
llanamente de la ley de la selva, la vuelta a la época colonial, la Enmienda
Platt resucitada, el ordeno y mando imperial sin apelaciones, el fin del
multilateralismo si es que alguna vez existió. ¿Qué derecho tiene EEUU para
acabar por sus bemoles y sin causa alguna con la economía de un país, con sus
servicios de salud, de educación o de protección social, con sus recursos, con
sus empleos, con las vidas y los derechos de millones de personas? ¿Quién le
autorizó a terminar con las ilusiones de tanta gente? Nadie, evidentemente.
¿Qué deberes tiene el mundo que asiste a esta expresión de brutalidad
indignante? Los de impedirlo, sin lugar a dudas. No hay razón de Estado que
justifique no hacer nada, ni estrategia calculada de supervivencia particular
que explique ignorar lo que ocurre. Al contrario: no actuar en este caso es
apostar por un sistema de relaciones internacionales en que el próximo acosado,
invadido, bloqueado, asediado, vilipendiado o aniquilado pueda ser el que con
más empeño mira ahora hacia otro lado, mientras Cuba resiste y lucha por
sobrevivir. Se trata llanamente de terrorismo de Estado.
Lo probaron en Oriente Medio y en Latinoamérica y el
genocidio y la invasión les está saliendo gratis en términos de oposición o
censura internacional. ¿Por qué no iban a ir con todo contra ese ejemplo de
independencia y dignidad que es la mayor de las Antillas? Tan solo Irán les ha
respondido en defensa propia y solo cuando ha visto peligrar su propia
existencia, y ahora el gobierno norteamericano no sabe cómo terminar esa
aventura bélica ni cómo disfrazar su derrota. Pero Cuba no es Irán: es un
bocado demasiado fácil, suculento y próximo como para no intentarlo. O, al
menos, eso creen. El poderío militar de la superpotencia y la abismal ventaja
de que le dota, plantea un enfrentamiento extremadamente desigual en el que las
posibilidades de destrucción del país agredido serían enormes. Pero apoderarse
de Cuba es otro cantar, al menos si los agresores no encuentran la colaboración
interna que buscan, la traición o, dicho en cubano, alguien que quiera
“trabajar para el inglés”, o si no se atreven a poner tropas en el terreno,
porque tal decisión traería como consecuencia un castigo para el invasor de tal
magnitud que quizás no le salieran las cuentas. Sea como fuere, esa aventura
tendría muy poco de paseo imperial. No en vano todos los cubanos aprenden en la
escuela que «quien intente apoderarse de Cuba, recogerá el polvo de su suelo
anegado en sangre, si no perece en el intento», como dijo Maceo, y muy
posiblemente estén preparados para convertir cualquier conato de asalto en “la
guerra de todo el pueblo”.
Mudos cooperadores necesarios
Las situaciones extremas de acoso y ataque permanente tienen
la cualidad de exponer la talla de cada cuál y sus auténticas intenciones. Los
cooperadores necesarios de este crimen —esto es, fundamentalmente ese
“Occidente” de gobiernos e instituciones que abarca desde la Unión Europea y
sus organismos hasta Canadá o el Reino Unido— están demostrando su verdadera
naturaleza. El Gobierno de España, dada su responsabilidad histórica confirmada por el hecho
de que en Cuba todavía llamen a nuestro país “la madre patria”, lidera esta complicidad. En
la actual tesitura, todos ellos demuestran ser, además de corruptos, una
caterva de auténticos farsantes que no tiene el mínimo interés en los derechos
humanos, en especial en los de los cubanos. Porque tras decenios de rasgarse
hipócritamente las vestiduras con la cantinela de que “el rrégimen”
cubano y su “aparato rrepresivo” no respetaba los derechos elementales
de la población resulta que ahora vemos con sorpresa cómo uno de los atentados
más brutales contra esos derechos (¿existe una conculcación mayor de los mismos
que privar a las personas de lo necesario para vivir?) no merece la más mínima
censura ni advertencia por su parte. Ninguna alharaca, amenaza, plante ni
advertencia. Ninguna sanción, ninguna exigencia, ningún escándalo. Solo la boca
callada y la dignidad por el suelo, en fin, ¡una vergüenza!
Y esto, indudablemente, nos lleva a concluir que, en
realidad, lo de los derechos humanos esgrimido tanto y tan ofensivamente contra
Cuba solo era un cuento más, una estrategia, un engañabobos para justificar
acciones que buscaban lo que ahora se muestra sin máscara ninguna: derribar al
gobierno de un país soberano, cambiar su sistema político y social para
sustituirlo por otro más adecuado a los intereses de quienes tanto chillaban.
Todo para que tengamos que reconocer finalmente que jamás les importaron los
derechos humanos de los cubanos. Es más, a ese coro de fariseos jamás le
interesó los derechos humanos de ningún pueblo, al menos si la
correspondiente reclamación fingida no abundaba en mejorar sus posiciones y,
quién sabe, sus perspectivas de un buen expolio. Si pudieran, instalarían un
nuevo gobierno cuyo respeto a la democracia y a los derechos elementales sería,
sin duda, algo secundario y sin importancia de lo que no habría que hablar. En
fin, el guion de siempre, que no es otro que el que nos dice que Cuba estará
lista, “oh marine, oh boy", "cuando aparezcas por el horizonte dispuesto a
inyectarle democracia", como glosó tan elocuentemente
Benedetti.
Y entonces, como ahora, “Occidente” callará y mirará para
otro lado.
Dije que éramos ingenuos, sí, pero no tanto. Sobre el
teatrillo de los derechos humanos y la democracia estábamos muy advertidos. En
especial tras comprender que el país que intenta sojuzgar a Cuba soporta un
sistema de partido único de facto, al menos en todo lo que tiene que ver con su
política exterior. ¿O cabe otra explicación al hecho de que, ante este
repulsivo ataque ilegal contra un país soberano, y al igual que ocurre con el
apoyo sin fisuras al régimen sionista, existan muy pequeñas discrepancias entre
el Partido Republicano y el Demócrata? Salvo muy escasas, aunque honrosas
excepciones, la clase política estadounidense sigue a pies juntillas las
instrucciones de la mafia cubano-americana de Miami en sus políticas hacia
Cuba, lo que es especialmente evidente desde que llegó Rubio al gobierno,
quien, con el desparpajo de saberse amparado por la impunidad absoluta, extrema
las medidas de acoso y la guerra ilegal, mientras alardea de ellas sin pudor y
sin vergüenza: “Cuba no escapará a la soga”, según amenazó recientemente este
redivivo Pedro Navaja, matón de esquina, que cantara Rubén
Blades, ante el silencio ensordecedor del “mundo libre” (Diario La
Jornada, 10 agosto 2026).
Como dijo Assange, las guerras no serían posibles sin la
participación decidida de los medios de comunicación. En el caso de este
combate silencioso que se libra contra Cuba este aserto es más que evidente.
Excepto unos pocos casos, la mayoría de los medios masivos, sobre todo las
grandes cadenas y consorcios de comunicación de EEUU y Europa, empezando por
España, donde el auténtico periodismo independiente es una rara avis muy
difícil de encontrar, están cumpliendo el papel asignado por las grandes corporaciones,
los bancos y los fondos de inversión que los gobiernan, que no es otro que el
de la justificación, cuando no la incitación, de la miserable guerra, el
bloqueo y el cerco con que la gran potencia asfixia a la Isla. Todo, además,
desde la mentira, la falsificación, la manipulación y el bulo, porque no se
trata de informar, evidentemente, como casi nunca lo fue en relación a Cuba,
sino de aportar su granito de arena a esta ignominia. De esta forma dirigen la
guerra psicológica que forma parte esencial del guion colonial y que no
pretende otra cosa que los cubanos y las personas de buena fe que observan la
realidad empiecen a dudar de todo, a no distinguir lo cierto de lo falso y lo
justo de lo parcial y tendencioso para que, como decía Malcom X, acaben odiando
a los oprimidos y amando a los opresores.
Esperábamos poca cosa del autodenominado sin ningún motivo
“mundo libre” y lo que está pasando con Cuba nos lo confirma. Los nuevos amos
del Universo, los que cabalgan a lomos de ese siniestro fantasma que recorre el
mundo, están implantando de hecho un nuevo paradigma. Por eso nos cuesta tanto
entenderlo: sus valores no son los nuestros. Bueno, en realidad no tienen
valores, solo el del dinero para imponer su ideología, su hegemonía y su
doctrina del saqueo. Dijo Fidel que si se acabase con la filosofía del despojo
se acabarían las guerras, y su voz de gigante centenario retumba en nuestras
conciencias más alta que nunca.
Solo los pueblos salvan a los pueblos, pero Cuba está sola
de toda soledad en términos de ayuda con la que enfrentar el injusto castigo al
que está sometida. La solidaridad es un bien que no tiene precio, pero por
desgracia, hoy por hoy, el petróleo es un botín que los infames no están
dispuestos a soltar.
Ahora que la iniquidad en su máxima expresión quiere ensañarse con uno de los ejemplos más admirables de solidaridad de la Revolución Cubana con los pueblos del mundo y en especial con los más vulnerables, la cooperación médica internacional, ahora que los que promueven el criminal bloqueo han pensado que enfangar con mentiras esa admirable labor sea el mejor camino para desterrar de las mentes la elocuencia incontestable de un proyecto orientado a proveer de sus derechos a quienes más necesidades tienen, no puedo evitar que vengan a mi memoria algunos pasajes de mi vida como cooperante.
Aun sabiendo que esta acometida indigna no es nueva y que el gobierno yankee y sus tracatanes llevan años intentando destruir esa obra magnífica con todo tipo de falsedades y artimañas, como por ejemplo con la presión y el chantaje a los profesionales cubanos para que deserten de las misiones sanitarias en las que intervienen, sí lo es el actual formato de perseguir y amenazar a los países receptores de la ayuda y a sus funcionarios, es decir, la extensión de la perversa e ilegal extraterritorialidad del bloqueo comercial y financiero a esta actividad de la cooperación, triste innovación que resulta especialmente repulsiva. La excusa oficial es lo de menos pues podrían implantar estas medidas sin justificar nada, pero se ríen de todos denunciando que las actividades que los cooperantes cubanos desarrollan por el mundo son una suerte de “trabajo esclavo” al que les somete su gobierno. No creo que merezca a pena ni siquiera comentarlo, pero os gobiernos contemporáneos de EEUU no se distinguen precisamente por sus preocupaciones por los derechos de trabajador alguno, ni en el mundo ni en su propio país.
Conmueve, eso sí, que los trabajadores de la salud cubanos sean objeto del interés y los desvelos de las autoridades norteamericanas por sus condiciones laborales, ¡cuánto honor!, seguro que ni ellos mismos se lo creen dada la circunstancia de que es la primera vez que esto sucede. Y todo ello sin perder de vista la similitud que esta obsesión de los políticos anti-cubanos y sus terminales mediáticas tiene con la de otros que se echaron a las calles dentro de la isla el 11 de julio de 2021 para, entre otras hazañas rácanamente remuneradas, apedrear centros sociales, servicios de urgencias pediátricos y residencias de mayores y de discapacitados, amenazando a pacientes, familiares y beneficiarios. No es casualidad: nada hace más daño a los embates de esa purrela que la gran obra de la Revolución puesta en pie y alcanzando a quienes más la necesitan, bien sea, por ejemplo, en forma de equipo médico operando en un hospital de la selva amazónica o de trabajador social evaluando las necesidades de las familias en un barrio periférico de Ciego de Ávila.
Es mucho esfuerzo y dinero de los contribuyentes de EEUU despilfarrado inútilmente en intentar destruir con invenciones, manipulación y sabotajes los logros de esa labor colosal para que la realidad de la misma, a los ojos de todos y todas, les ponga en evidencia un día sí y el otro también, durante más de 60 años. Lo individual, el egoísmo y el dinero frente al beneficio de todos y la solidaridad o, dicho de otra forma, el envío de soldados para sus guerras de saqueo colonial contra el de una tropa de trabajadores de la salud para salvar vidas, aliviar el dolor y mejorar la salud de quienes la han perdido o están en trance de hacerlo. No hay color ni comparación, ellos lo saben y por eso buscan su descrédito y su destrucción: mientras esta inmensa labor de Cuba siga en pie y a los ojos de todos y todas las posibilidades de acabar con ella son mínimas. Por eso tienen que intentar criminalizarla.
A propósito de la cooperación y los cooperantes
He trabajado como voluntario en ONG’s médicas europeas durante muchos años de mi ya dilatada carrera profesional, en distintos proyectos de cooperación y acción humanitaria. Co-operar es, etimológicamente, “operar con otro” y en su esencia esas intervenciones estructurales son algo completamente distinto de la ayuda de emergencia, en especial si esta se plantea como “humanitaria”.
Tan solo las intervenciones humanitarias, por su propia naturaleza, no admiten condicionalidad, devolución, ni retribución; se dan por humanidad y solo por eso, y se ajustan estrictamente a unos principios establecidos en el derecho internacional (neutralidad, universalidad, imparcialidad e independencia). Pero la cooperación estructural, es decir, la cooperación propiamente dicha, se basa en acuerdos donde cada parte colabora con algo: unos, con el trabajo (ONG’s) y otros, donantes o contrapartes, con una compensación a los primeros, que puede ir desde la provisión de fondos con que sufragar sus gastos hasta la implementación de políticas bilaterales concretas. El trabajo de los profesionales que participan se valora teóricamente muchas veces “a precio de mercado” a la hora de elaborar los presupuestos y pasa a formar parte del monto que recibe la ONG que firma el convenio y realiza las tareas. Pero estas organizaciones tienen sus propias necesidades de gestión, infraestructuras que no paga nadie y problemas de financiación de proyectos que no encuentran donante, por lo que la propia entidad no gubernamental puede y debe utilizar ciertas cantidades de los proyectos financiados para asegurar su propia supervivencia y la viabilidad de otras intervenciones, lo que hace si los fondos recibidos “no son finalistas” y, como entidades sin ánimo de lucro, sin sobrepasar determinada proporción. Por eso es cooperación y no negocio. Esto siempre ha sido así, tanto en la Cooperación Norte-Sur, como en la Sur-Sur, que es la que practica Cuba allá donde sitúa sus misiones médicas, además de brindar ingente y altruista ayuda humanitaria (Pakistán, Haití, Sierra Leona, Guinea-Conakry, Liberia, y un etcétera de una lista interminable), cuyo mérito y excelentes resultados son bien conocidos.
En el caso de las ONG’s internacionales, los cooperantes son voluntarios, es decir, aportan no solo su trabajo, sino que aceptan también una percepción muy por debajo de su salario profesional normal o, incluso, simbólica, asumiendo estas condiciones y participando libremente en los proyectos tras aceptarlas. Se trata de voluntariado y no de trabajo remunerado y nunca se ha oído, en los más de 35 años que conozco, trabajo, estudio y enseño cooperación al desarrollo, que EEUU ni país alguno haya planteado la más mínima objeción a que así sea. Los voluntarios no asumen directamente el trabajo concertado, sino que lo hace la organización a la que pertenecen, la que ha firmado el convenio de colaboración y sus términos, que son libremente aceptados por las partes y por los voluntarios.
Los países que necesitan cooperación internacional no contratan profesionales individualmente para atender sus necesidades. Esa fórmula puede servir para asegurar la participación de un especialista concreto que realice una evaluación puntual o una asesoría técnica específica, pero no vale para desarrollar la Atención Primaria de Salud de una población, para asegurar el funcionamiento de un hospital, para poner en marcha un programa de vigilancia epidemiológica, ni para realizar una intervención de emergencia tras un desastre natural, la guerra o un brote de violencia. Sería imposible para cualquier país o comunidad en desarrollo pagar a precio de mercado el personal necesario para llevar a cabo esos programas, por lo que las comunidades necesitadas y los países afectados alcanzan acuerdos de colaboración con entidades oficiales u organizaciones de otros países para obtener ese servicio (cooperación) a costes soportables por los primeros. Y quien esto suscribe, en todos sus años de cooperante en muchos países del mundo, jamás pensó que era víctima de alguna forma de esclavitud por hacerlo, ni que realizaba “trabajo forzado”, pues deliberada y voluntariamente lo aceptó en el marco de un acuerdo entre una organización a la que pertenecía y un donante o una entidad beneficiaria, asumiendo todas las cláusulas del mismo. Ni me puedo imaginar la cara de mis compañeros, primero, y las carcajadas, después, si alguien hubiera insinuado entonces o ahora que éramos víctimas de explotación laboral. La ignorancia, el atrevimiento o la mala intención siempre fueron, además de necias o por eso mismo, muy atrevidas.
Y en eso, llegó Fidel
Y, entonces, ¿por qué ahora esto debiera ser diferente para Cuba y sus profesionales? Me imagino la respuesta, que no será muy diferente de la que han dado al Secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, los gobiernos de muchos de los países en los que colaboran los equipos médicos cubanos, desde México a Brasil, desde Jamaica a Honduras, desde Italia a Gambia. En la actualidad 56 países reciben esta ayuda y más de 24.000 colaboradores cubanos repartidos en ellos la llevan a cabo. Pero no nos engañemos: el mal vecino de Norte con esta andanada busca que la solidaridad que inspira esa colaboración cubana quede eclipsada con falsas acusaciones y, de paso, cortar otra fuente de financiación con que el bloqueado y maltratado país del Caribe hace frente a sus necesidades de supervivencia.
En mi devenir en este mundo de la cooperación internacional he tenido contacto y he admirado la grandeza de la colaboración médica cubana en muchos sitios y, al igual que todos los cooperantes que conozco, en sus dos versiones más extendidas: la ayuda médica directa de los equipos de salud cubanos en el terreno y el trabajo de los profesionales de los países receptores de ayuda que han sido formados en Cuba, especialmente en la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM), otra de las grandes obras de Fidel. En la mayoría de los países de África, América y Asia, las brigadas médicas cubanas son referente obligado tanto de quienes trabajan en cooperación internacional, como de los que lo hacen en los organismos multilaterales o en entidades locales: nadie conoce mejor que ellos el terreno, ni la población, ni sus problemas, porque llevan años ejerciendo su labor y, en muchos casos, son el sostén de los propios sistemas de salud de aquellos países. Conozco de primera mano que, en Guinea Ecuatorial, por poner un ejemplo, la información sobre la situación epidemiológica de la población que tienen los cubanos es en la práctica la única fuente fiable que sobre ella puede consultarse.
Cuando ocurrió el terrible terremoto que devastó Haití en 2010, las brigadas médicas cubanas no tuvieron que llegar a aquél atormentado país porque ya estaban allí. Cuando 9 meses después se desató la letal epidemia de cólera que siguió a la catástrofe natural, el desbordado desembarco de cooperantes, marines y ayuda humanitaria había pasado a ser tan solo un recuerdo y sus protagonistas habían regresado a casa. ¿Todos? ¡No! Los equipos médicos cubanos y los de Médicos Sin Fronteras eran los únicos que seguían en el país desarrollando su generosa y necesaria labor humanitaria.
Eric en Ruanda
Pero permítanme que eche la vista atrás. Corría el verano de 1994 cuando se produjo el éxodo de los supervivientes del genocidio ruandés que, exhaustos, alcanzaban la frontera de su país con el Zaire (actual República Democrática del Congo), hasta ocupar los alrededores de la ciudad de Goma, junto al lago Kivu, conformando en pocos días los campos de refugiados más grandes de los conocidos (casi un millón de personas entre los de Mugunga, Kibumba y Katale). En el equipo de la ONG en que realizábamos nuestro trabajo en el endeble hospital de campaña instalado en el campo de Mugunga, por encima de las enormes dificultades del día a día para atender a unos pacientes en situación límite en plena epidemia de cólera, pesaban otras adicionales de difícil manejo, como el idioma. La mayoría de los pacientes hablaba en kinyarwandés y en su lengua se comunicaba con el personal local que habíamos podido reclutar entre los refugiados, la mayoría auxiliares de clínica y profesionales de enfermería. Este personal por lo general era bilingüe y, además de en su idioma, hablaba también en francés, por lo que usaba esta lengua para relacionarse con los españoles. Por lo tanto, durante el interrogatorio clínico a los debilitados pacientes estos explicaban sus síntomas en kinyarwandés al personal local, el que nos lo traducía al francés, para nosotros después, con nuestras dificultades para entender y hablar el idioma de Molière, interpretar aproximadamente sus palabras. A continuación, nuestras preguntas corrían en la dirección contraria, de boca en boca y de lengua en lengua, hasta llegar al doliente enfermo, quien las recibía mostrando gran extrañeza, seguramente porque en ese complejo tránsito se había devaluado su sentido e intención hasta dejarlas fuera de contexto.
Era, por tanto, un procedimiento extraordinariamente ineficaz, largo y complicado, en unas circunstancias en que, precisamente, la agilidad en la atención y la precisión en la información debían ser, aquí sí, vitales. Este asunto y la escasez de personal local que colaborara con nosotros añadía a las difíciles condiciones de trabajo unas restricciones casi invencibles para nuestro equipo. Pero una mañana, mientras nos preparábamos para salir hacia el hospital, alguien llegó con una noticia que nos llenó de alegría y esperanza:
- Han encontrado un médico ruandés, entre los refugiados, que habla español. Está dispuesto a trabajar con nosotros. Nos está esperando en el campo.
La novedad, a pesar de la satisfacción que nos produjo, la recibimos con cierta incredulidad. Las probabilidades de encontrar un médico entre los refugiados eran remotas, casi tanto como hacerlo entre la población general de aquel país, pero que además hablara castellano, inverosímiles. A pesar de ello afrontamos la buena nueva con curiosidad e ilusión. Poco más tarde se desveló el enigma: mientras me acercaba a saludar al nuevo compañero le escuché conversando con otros y entendí que la información recibida no era del todo correcta. Aquel médico ruandés no hablaba español: ¡hablaba cubano! que es una cosa diferente.
Y al oírle exclamar un “No ‘e fasi” ante la visión desoladora de los pacientes de una de las tiendas que componían nuestro rudimentario hospital, lo entendí todo: se trataba de un ruandés que había cursado sus estudios de Medicina en Cuba, en el marco de los programas de formación becada que mantiene este país en beneficio de miles de estudiantes humildes de todo el mundo en desarrollo. Como era lógico, Eric, que así se llamaba el nuevo compañero, y yo sintonizamos a la perfección y en las semanas que pudimos compartir trabajo y anécdotas de momentos vividos en la prodigiosa isla pude admirar su entereza, la dedicación a su pueblo, su solidaridad inmensa, su excelente formación médica, su vocación y su enorme agradecimiento por todo lo que Cuba hizo por él y, de forma indirecta, por su castigado pueblo.
El testimonio que dio de las atrocidades que presenció en su país sirvió para conformar la causa por la que un tribunal internacional juzgó, más tarde, a algunos criminales y genocidas ruandeses autores de las matanzas de tutsis y hutus moderados. La pertenencia a su pueblo y la comprensión de sus códigos culturales, algo imprescindible en la relación médico-paciente, hicieron que mejoraran los resultados de nuestro humilde centro y la atención a los enfermos.
No sé qué habrá sido de él. Supongo que su destino no sería mucho mejor que el de los demás refugiados ruandeses, la mayoría de los cuales fallecieron en los meses siguientes por las terribles condiciones de vida a que estaban sometidos, por la violencia que existía dentro de los campos y el hostigamiento de policías y milicias zaireñas fuera de ellos o, incluso, por la represión que ejercían las nuevas autoridades ruandesas contra quienes regresaban del exilio. Pero su recuerdo jamás se borrará de nuestra memoria, porque forma parte indeleble de esta historia, que es tan solo un pequeño eslabón en la obra de la Revolución Cubana.
De la misma forma que no olvidaremos su voz, en medio de aquella hecatombe africana sumida en un babel de lenguas, exclamando: “¡P’al carajo, mi hermano, esto está de pin... (y cepillo)”!
Samir en Palestina
Foto Magne Hagesæter
En abril de 1996 el ejército israelí bombardeó un refugio bien identificado y repleto de población civil en las proximidades de Qana, en el Sur del Líbano, ocasionando una masacre de más de cien personas. Triste pródromo, como otros muchos, de la barbaridad y del genocidio que el gobierno de Israel ejecuta contra el pueblo palestino de la franja de Gaza desde hace 20 meses (en junio de 2025). Acudimos a aquel lugar con premura una representación de la organización a la que pertenecía, en misión exploratoria financiada por la Agencia de Cooperación Española (AECID) con el fin de conocer la situación de la población en el terreno, circunstancias del ataque y posibilidades de puesta en marcha de un programa de ayuda a la población damnificada.
En este tipo de misión uno de los objetivos es siempre encontrar entidades locales, gubernamentales o privadas, que puedan servir de contraparte a la que promueve la ayuda y personas que por su posición, liderazgo o conocimiento de la población beneficiaria pudieran colaborar en la gestión de la ayuda en sus diferentes fases. Viajamos a Tiro tras algunos días en Beirut. Esa histórica ciudad del Sur del Líbano es la más próxima al lugar del ataque y donde se ubicaban las instancias administrativas y las autoridades con quienes convenir todo lo relativo a un programa de asistencia sanitaria y ayuda médica y quirúrgica dirigida a la población afectada por el brutal ataque y por otros que se sucedían habitualmente. Una gran parte de esa población habitaba en el campo de refugiados de Rashidieh y allí establecimos nuestro centro operativo. Recuerdo el impresionante y multitudinario funeral de las víctimas de aquella atrocidad en las ruinas del teatro romano de Tiro. Creo que fue allí donde conocimos a Samir. Nos lo presentó una enfermera española que vivía en aquélla histórica y torturada ciudad, de nombre Manolita, y lo hizo asignándole el espléndido título de ser un “farmacéutico palestino que habla español”.
Fuente: Che Guevara Lebanon
Como en el caso de nuestro admirado Eric, el jovial Samir hablaba en cubano a la perfección porque fue en la mayor de las Antillas donde se formó como farmacéutico. Enseguida conectó con todo nuestro equipo y rápidamente apreciamos tanto su calidad humana como sus óptimas condiciones para trabajar con nosotros en la puesta en marcha del proyecto de apoyo a la población palestina que en ese momento empezábamos a pergeñar: apoyo médico al sistema de salud de los campos de refugiados palestinos del Sur del Líbano. Como quiera que uno de sus componentes fundamentales era la ayuda farmacéutica y Samir contaba con el conocimiento y los contactos necesarios en ese sistema, su contribución se nos tornó simplemente ideal.
Recuerdo en esos días de planes y proyectos las fantásticas veladas que pasamos en un café del puerto, acompañados del querido Luis Valtueña, que sería brutalmente asesinado en Ruanda poco después, recordando historias vividas en Cuba, que el farmacéutico relataba con gran nostalgia mientras nos deleitábamos con aquellos aromáticos narguiles. Samir no ocultaba la enorme gratitud que sentía por Cuba, donde vivió los momentos más bonitos de su vida, por la oportunidad que le había dado de convertirse en un profesional y, por eso mismo, por la gran ayuda que Cuba brindaba a su perseguido pueblo.
- Cómo me gustaría volver, mi hermano.
- Lo sé. Seguro que algún día lo conseguirás.
El programa de ayuda se puso en marcha poco después y yo regresé a España. Durante algún tiempo mantuve el contacto con Samir, que se involucró a fondo en aquel trabajo, del que llegó a convertirse en referente imprescindible. No sé si mi amigo palestino pudo volver a la isla de nuestros amores, deseo con todo el corazón que así haya sido, y que en ese anhelado viaje de retorno haya podido revivir alguna de aquellas maravillosas historias que con tanta melancolía rememoraba durante los días que compartimos trabajos, recuerdos y deseos de justicia.
Mitch en Honduras
Foto: Javier Teniente
Noviembre de 1998: el huracán Mitch acababa de arrasar extensas zonas de Centroamérica. El equipo internacional de emergencias en el que yo participaba como voluntario fue de los primeros en entrar en Honduras tras el desastre, junto a los equipos médicos cubanos. La destrucción era inmensa y las posibilidades de acceder a los lugares más castigados prácticamente nulas. Aunque parezca imposible, tres meses después del paso del huracán, llegaríamos cada día a comunidades rurales muy aisladas a las que aún no se había acercado nadie ni a preguntar qué había pasado. Como algún campesino nos contó: “A los que se ahogaron, les enterramos y, después, cada cuál a lo suyo”. Es la experiencia brutal y cotidiana de quienes no han tenido nunca contacto con un Estado, y si lo han hecho no ha sido en beneficio de ellos ni de sus familias. Nuestro equipo estaba compuesto por personal de salud (médicos, pediatras y enfermeros) y por otros voluntarios que atendía las tareas logísticas. Trabajábamos coordinados con el sistema de salud local, con quien intercambiábamos permanentemente información de situación y tareas realizadas y con quienes pactábamos la programación semanal de visitas y actividades. Previamente habíamos hecho gestiones en la capital con el Ministerio de Salud donde conocían al detalle nuestros planes, nos facilitaban todo lo que estaba a su alcance para que realizáramos nuestra tarea de atención urgente y socorro y cuyas autoridades nos mostraban su gratitud por todo ello.
Atendíamos, por tanto, continuamente a personas que no habían visto un médico o una enfermera en toda su vida, pues los rudimentarios trabajos de salud los realizaba en cada comunidad un agente de salud que había recibido una pequeña capacitación para hacerlo. Como resulta evidente, y mucho menos en aquellas circunstancias, nadie nos exigió tramitación alguna para realizar nuestras tareas y sobre lo relativo a nuestra titulación profesional y cualificación, nuestra ONG, legalizada en aquel país, garantizaba todo lo preciso. Pero una mañana nos llegó la noticia de que el colegio de médicos de Honduras, asociación gremial de los galenos de aquel país, prohibía a los médicos cubanos que formaban los equipos de emergencia destacados allí, asistir a las víctimas “por no estar colegiados” en Honduras. Nos quedamos perplejos y rápidamente conectamos con compañeros de otras organizaciones españolas y de otros países para comprobar lo que nos imaginábamos: que a ningún médico procedente de otras latitudes se le había exigido tal requisito para realizar su labor diaria. ¡Solo a los cubanos!
Unos galenos, los hondureños, representados en esa arcaica organización profesional, que en su gran mayoría trabajan en la capital o en ciudades grandes y que atienden a sus opulentas clientelas con todas las comodidades de sus consultas privadas, en las que recaudan pingües beneficios, pero para quienes los compatriotas pobres que viven en zonas remotas y aisladas no cuentan, ¡hasta ahí podían llegar!, ni merecen la más mínima atención, entre otras cosas porque nunca la podrían pagar. Pero el colmo del cinismo se alcanza cuando se intenta prohibir o impedir que otros profesionales de la salud, estos sí vocacionales y con un sentido de su obligación que trasciende el logro material para garantizar el derecho de todos a la salud, asistan a los enfermos, heridos o damnificados por la catástrofe natural.
El clasismo, cuando no el racismo, de una gran parte del rancio colectivo médico y su sectarismo ideológico le hacía anteponer sus obsesiones al derecho a la atención de la población hondureña que la necesitaba, olvidada históricamente y a la que, cual perro de hortelano, prefería que se abandonara antes de que otros, con su esfuerzo y su solidaridad, les dejaran en evidencia ante el mundo. Esta inmoral actitud la vimos, tiempo después, en otros países, como en Brasil, y también contra la cooperación médica cubana (https://bit.ly/4nArwmy). ¿Por qué será?
Yo me acuso, Mr Rubio
En eso mismo anda el gobierno de los EEUU contra Cuba y la colaboración médica cubana, en uno de los ataques más deshonrosos que recordamos. Estamos inmensamente agradecidos a los médicos cubanos y a los de otros países que se han formado en Cuba por su inmensa labor en favor de la salud y los derechos de los más necesitados y a la Revolución que lo ha hecho posible. Son un ejemplo para todos. Y los que les denigran o pretenden impedir su trabajo, se nos antojan como una de las mayores vergüenzas que soporta este mundo.
Reconozco aquí, por tanto, y en relación a todo lo tratado, que he sido víctima de trabajo esclavo, como todos los cooperantes europeos y de otros países que hemos trabajado en proyectos de cooperación estructural y de ayuda humanitaria percibiendo unas remuneraciones por debajo de nuestro salario normal, ya que pensábamos que ello formaba parte de nuestra aportación como voluntarios. Pero no, por el Departamento de Estado de EEUU ahora sabemos que nos han explotado, por lo que pedimos también que se sancione a las ONG’s que han abusado de nosotros y a los países y comunidades receptoras de nuestro trabajo por consentirlo.
Ah, y a los pacientes que hemos tratado, ayudado, atendido, curado, o, simplemente, acompañado, que nos perdonen también por haberlo hecho.
Epílogo
El 20 de noviembre de 2019 esperaba en el aeropuerto internacional José Martí de La Habana el embarque de mi vuelo a España cuando, bien entrada la noche, un rumor creciente que provenía de la zona de llegadas fue invadiendo salas y pasillos hasta despertar a los somnolientos pasajeros y desatar la curiosidad de todos los que, pacientemente, esperábamos que se nos llamara para acceder a nuestras respectivas aeronaves.
Días antes se había consumado el golpe de Estado que la OEA, con la inestimable colaboración de la embajada de EEUU en Bolivia, había orquestado contra el presidente constitucional, Evo Morales. Además de colocar en el poder a una gobernante títere que en pocos días pondría las riquezas del país en las manos avariciosas de sus padrinos políticos, los golpistas lanzaron toda una declaración de intenciones cuando decretaron la inmediata expulsión del país de todos los miembros de las misiones médicas cubanas que allí operaban, tras lanzarles graves amenazas. 700 cooperantes dispersos por la compleja geografía de aquel país que atendían en los lugares más aislados y recónditos a la población rural en la situación más ignorada y postergada históricamente.
"Con los pobres de la tierra quiero yo mi suerte echar", escribió José Martí y los profesionales de la salud cubanos lo asumen desde su graduación como lema inspirador de su trabajo. De modo que la gente humilde de Bolivia, de la noche a la mañana, se quedó sin un recurso básico para su salud y su bienestar. Esa es la importancia que los golpistas bolivianos, la OEA o el gobierno de EEUU dan a los derechos humanos y, muy especialmente, al derecho a la salud de la población que habita en su patio trasero. Bueno, con excepción de la población cubana, y también de la nicaragüense y venezolana, cuyos derechos son los que inspiran, según nos quieren hacer creer, sus acciones y las de sus satélites. Una suerte que la boliviana, por lo que sea, nunca ha tenido.
¿Qué pasa?, nos preguntábamos aquella noche en el aeropuerto habanero mientras el rumor y los gritos subían de tono. Nos mirábamos perplejos hasta que, a lo lejos, por uno de esos interminables pasillos vimos avanzar una muchedumbre que despertaba la emoción nada contenida, los aplausos y los gritos de ¡Viva Cuba! de todos los que se acercaban a verla pasar, desde los cubanos que allí se encontraban trabajando o en trance de viajar, hasta los turistas que llegaban o se iban. Los que caminaban hacia nosotros habían conseguido en un instante el reconocimiento unánime de todos los presentes; la admiración no hizo falta, porque ya la tenían. .
Fuente: CLATE
Se trataba, ¿de quién si no?, del último contingente de 200 cooperantes cubanos de la salud que había sido expulsado de Bolivia por los golpistas y sus patrocinadores y que tuvo que salir a la carrera para no arriesgar su vida, al igual que hizo el propio presidente constitucional. Pocas cosas recuerdo tan emocionantes como observar su paso de gigantes, agitando sus banderas cubanas, al comprobar el enorme cariño que despertaban en todos los que allí nos encontrábamos. El auténtico ejército de batas blancas que siempre imaginó el líder de la Revolución, hecho realidad y triunfante, pues ni entonces ni nuca fue vencido por la enfermedad ni desterrado por quienes recibían su atención, sino por los auténticos enemigos de un mundo más justo, donde quepan y tengan derechos los más pobres y abandonados.
Los autores de esa indigna persecución a las misiones médicas de Cuba se califican por sí mismos con sus obras. Cuando parece imposible, siempre nos sorprenden con algo más miserable y rastrero.
La infamia continúa y sube de tono; ¡la solidaridad también!
Al que le abandonaba la vida mientras el último y frustrado asalto del imperio se cernía sobre Cuba.
Él, que vivió tantos y tanto luchó contra ellos, desde su puesto de jefe de la Defensa de la Plaza de la Revolución, en la crisis de octubre de 1962, al lado del Che, hasta nuestros días.
A él, que tanto me enseñó sobre Cuba, sobre cómo quererla y defenderla.
Que siempre me recordaba que éramos gente de Patria o Muerte, aunque no hiciera falta.
Siempre en nuestra memoria y en mi corazón.
Justina Chong; El cosechero (República Popular China), Exposición Let Cuba Live, Instituto Tricontinental de Investigación Social
La trinchera siempre está a un lado, si está enmedio la ocupó el enemigo.
A menudo disiento, por su imprecisión, del lema que saluda
al visitante que llega al pueblo guantanamero de Caimanera. Cuando visité esa bella localidad acompañado de Lázaro, mi yunta, me lo encontré así, de sopetón: “Bienvenidos a la
primera trinchera antiimperialista” porque, aunque se entiende que su situación
fronteriza con ese pedazo de Cuba usurpado por los EEUU y dedicado a Base Naval
en territorio extranjero le permite exhibir ese bello título, parece más
certero plantear que realmente toda Cuba sea esa trinchera. Trinchera a su
pesar y sometida a una guerra implacable por parte de los EEUU desde hace más
de 60 años, comercial, financiera, militar, mediática, mercenaria, diplomática
y no sé cuántas modalidades más le serían aplicables. Como consecuencia de ello
y como corresponde a esa categoría de resistencia, su margen de maniobra es
escaso, su exigencia de unidad interna, vital, y su eventual concesión a las
demandas imperialistas, un suicidio.
Lo aprendí hace muchos años y así me lo contaron cuando me
interesaba por el fundamento de algunas medidas que tomaban las autoridades
cubanas, para mí incomprensibles incluso en el contexto del que tratamos. “Es
la ley del todo o nada”, decían, no existen las posturas intermedias porque
esas son las que pretenden quienes desde dentro o desde fuera buscan crear la
brecha que acabará por destruirlo todo y hay que asumir que, como en toda guerra,
situarte en un bando es aceptar todo por unanimidad sin concesiones a los
matices ni a las medias tintas.
Por eso me cuesta entender algunos planteamientos que hacen
ahora algunas personas que nutren y han nutrido de forma nítida las filas
revolucionarias. Creo que la primera vez que lo noté fue hace unos meses,
cuando los sucesos mercenarios de San Isidro. Leí con cierta perplejidad una
declaración de la UNEAC, me parece que del grupo de la Isla de la Juventud, que
se situaba en una postura “intermedia” entre, no es textual pero creo
recoge bien lo que se declaraba, “los radicales de la revolución y los que
defienden el fin de esta a toda costa”, incluyendo en este último planteamiento
la intervención militar de la potencia extranjera. Me dio que pensar pues era
un punto de vista totalmente novedoso para mí, en clara contradicción con la
teoría dicotómica expresada antes y que siempre me llevó a confirmarme en un
extremo de este escenario, cuando tiendo a hacerlo más en los tercios medios.
No les diré qué punto escogí ante este dilema, pero sí por qué lo hice: no
puedo entender la equidistancia en la situación de Cuba. Bueno, en realidad lo
que pasa es que sí la puedo entender, porque para mí es una versión dulcificada
del extremo contrarrevolucionario, es admitir como válido el papel del poli-bueno
torturador que, buscando lo mismo que el poli-malo, te arrancan la
rendición para que el feroz no acabe contigo, es asumir la tercera vía que,
cuando alcanza su objetivo, enseña su cara verdadera que no es otra que la de
siempre, es dar por válida la edición actualizada de la revolución de los
colores, el fundamento de la nefasta primavera árabe trasladada al Caribe, es,
en fin, confirmar sin ambages el golpe blando que la hipocresía de los tiempos
les ha obligado a desarrollar para conseguir lo que nunca lograron en Cuba
aunque sí en otros paises con el golpe duro, el de la bota y el fusil del generalote
infame traidor a su pueblo.
(N del A: transcripción
de impresiones urgentes enviadas por WhatsApp entre los días 26 de noviembre y
5 de diciembre desde Santiago de Cuba y La Habana, donde había ido de vacaciones, sin imaginar que estaba equivocado, que en realidad había viajado hasta
allí para vivir un momento histórico)
(N del A2: Las
horas son las oficiales de España; en Cuba seis horas antes)
(N del A*: Con
“digital” se alude a que fue escrito a dedo sobre la pantalla del móvil, para
calmar la curiosidad de algunos amigos conectados por internet. Y la mía propia)
LOS PRÓDROMOS
[22/11/2016 3 p.m.] A punto de embarcar hacia Santiago de Cuba, vaya este regalito
musical
Dijo Federico, y lo cantó Ana Belén, "siempre he dicho que yo iría a
Santiago" Pues no sé a qué estáis esperando....
[22/11/2016 3:25 p.m.]¿Un roncito? Eso está hecho, compay...
y una guarachita en la casa de la trova....esa la bailaré a vuestra salud... ¿Y
otro ron más? Hasta que me emborrache, pero dadlo por descontado…. Quise
decir que me cogeré tremenda curda, ya tú sabe...
LOS HECHOS
(El 26 de noviembre, a
las 7 de la mañana, hora de Cuba, conecté la televisión y me sorprendió ver,
tan temprano, a Nicolás Maduro, muy solemne, elogiando la figura de Fidel.
Pocos minutos después el locutor, de luto riguroso, comunicaba que a las 10:29
p.m. de la noche anterior había muerto el “Comandante en Jefe de la Revolución
cubana”. Miré por la ventana. La calle desierta y elsilencio más absoluto que jamás no había oído en Cuba, confirmaban la
triste noticia)
VEINTISEIS DE NOVIEMBRE
[26/11 7:55 a. m.] A esa hora (la
1:55 p.m.de Cuba) entró un escueto mensaje de Joan desde España: Fidel
Castro ha muerto
[26/11 5:24 p. m.] Chicos y chicas, venía a un inocente viaje de
vacaciones, sin saber que en realidad iba a asistir a un momento histórico de
este calibre. Seré vuestros ojos y vuestros oídos... Haré de cronista oficial
de los cubañoles. Hablaré como si la
mía fuera vuestra propia bemba... colorá.
[26/11 5:28 p. m.] 11.30 de la mañana en la calle Heredia de Santiago. Todo
tranquilo. Menos gente de lo habitual. Todo el mundo pendiente de
la tele.... Como si estuvieran dando aquella telenovela brasileña de nuestra
juventud (N. del A: la novela se llamaba
Doña Bella, y fue muy popular al final de los años 80)
[26/11 5:30 p. m.] La gente con semblante triste, sobrecogida por la
noticia. Tristeza también en las conversaciones que cruzo con todos... Entre
desolación y un sentimiento de orfandad en la mayoría...
Contrastes cubanos: hoy amaneció un día gris, plomizo, las banderas desde temprano ondean a media asta y al fondo un crucero de bandera de EEUU acaba de atracar en el puerto de Santiago
VEINTISIETE DE NOVIEMBRE
Gracias, Santiago
Plaza de Marte
No os asombréis de nada, es Santiago de Cuba...
[27/11 6:46 p. m.] Segundo día de duelo oficial (de nueve). Tranquilidad,
muy poca gente por la calle, desapareció la algarabía de hace unos días, no se
escucha música ni hay locales de recreación abiertos….La gente triste. Cuando
hablas con alguien de lo sucedido, con facilidad se escapa más de una lágrima. En la televisión sólo
dan programación especial: muchas entrevistas, películas y documentales sobre
la vida de “el caballo”, como familiarmente le llaman los cubanos (ver N. del A. un poco más abajo). Con
ello estamos recreándonos y rememorando la enormidad de su vida y obra. Lo
dicho, una figura inconmensurable de la historia contemporánea. Sus cenizas
llegarán a Santiago el día 3, fecha en que se les hará un recibimiento que se
calcula masivo, siendo el entierro, aquí, al día siguiente, donde quiso quedarse para siempre… Reportando desde la Ciudad Héroe de la República de
Cuba, Manolo.
(N. del A.: en el juego
de lotería clandestina llamado “la bolita”, que hizo ricos a conocidos
gánsteres en la época pre-revolucionaria, existe cierto código en virtud del
cual a cada número se le asigna un nombre: por ejemplo, el 3 es marinero, el 5
monja, el 6 jicotea…. ¿y el 1?, efectivamente el 1 es “caballo”, por eso a
Fidel le laman así, por ser “el número 1”)
VINETIOCHO DE NOVIEMBRE
[28/11 7:20 p. m.] Un Fidel que vibra en la montaña, un rubí, cinco franjas
y una estrella...
("Cuba, qué linda es Cuba", de Carlos Puebla)
[28/11 7:25 p. m.] Os imagináis las calles sin gente? Os imagináis la
-poca- gente hablando bajito, casi susurrando? Os podéis imaginar todo esto sin
música, sin un son, sin una guaracha, como si alguien hubiera puesto en
"off" la tecla de sonido? Me creeríais si os dijera que en este
país nadie baila, ni un meneíto de cadera, ni un pasillito, ni un ná? Pensáis que pueda ser posible que en
cada puerta de cada establecimiento público, hotel, taberna, bar, cafetería o
paladar te encuentras con un letrero que dice "no se está despachando ron,
cerveza ni bebida alcohólica alguna"? Pues así está Cuba, mis herman@s, desde
que se fue Fidel....
[28/11 7:30 p. m.] Bienvenidos a l@s que se incorporan. Reportando desde Santiago, enviado especial de los cubañoles, Manolo. Más abajo, filas de pioneros ante el Ayuntamiento de Santiago para firmar el decálogo de Fidel sobre lo que significa Revolución hoy..
VEINTINUEVE DE NOVIEMBRE
[29/11 2:26 p. m.] Ayer, de las
interminables colas de gentes que esperaban para pasar a dar el último adiós a
Fidel, en la Plaza de la Revolución José
Martí de La Habana, sacaron para entrevistarles en la TV a estos tres
estudiantes africanos de la Facultad de Medicina Victoria de Girón. Nuestros "alter ego" de hoy día,
vamos. Mientras les escuchaba, y por lo avanzado de la hora, pensé
que para llegar a la beca aún les quedaba un largo trayecto: coger la cien
hasta la "seguera" y luego esperar la confronta hasta…. hasta
cuando sea... O sea, prácticamente "hasta el amanecel", que
diría Joan.
Ahí es nada.... No 'e fasi, mi hemmano....
[29/11 6:54 p. m.] Aún con el Comandante "de cuerpo presente ",
es un decir, las actividades programadas de salud pública no decaen, en
especial las de lucha antivectorial, muy reforzadas desde que se dio la alerta
mundial por el zika. Esta mañana nos sacaron temprano de la casa para hacer la
fumigacion semanal. Al día siguiente de llegar nos visitó la médica de familia
de la cuadra, y cuando supo que procedíamos de España nos liberó de hacernos
“la gota gruesa”, pero nos recomendó que si durante nuestra estancia presentáramos
fiebre inmediatamente nos pusiéramos en contacto con ella....
(N. del A.: estas
iniciativas de salud pública, aunque puedan parecer molestas, son las que han
conseguido que Cuba sea desde hace años el único país de América libre de
dengue y mantener, en la actualidad, la transmisión autóctona del virus zika
bajo control)
TREINTA DE NOVIEMBRE
[30/11 6:37 p. m.] Hola, por aquí seguimos, en plena ley seca y
con el sonido apagado. Aprovecho para una inmersión cultural y
revolucionaria, pues como sabéis, esta ciudad es cuna de la Revolución y está
llena de vestigios de aquella lucha. Hoy por ejemplo, 30 de noviembre,
se celebran 60 años de la sublevación popular santiaguera que pretendía,
entre otras cosas, distraer la atención de "los esbirros", como
llaman aquí a lo más criminal de las fuerzas y simpatizantes de Batista, para
que la llegada del Granma, calculada para este día, pasara
desapercibida. Llegó otro día, pero eso es lo de menos. He
visitado el Museo de la Lucha Clandestina, que hoy celebra su día grande.
Era una estación de policía entonces, y en su asalto murieron Otto
Parellada, Tony Aloma y Pepito Tey. Os mando fotos. Frank País,
líder de la sublevación, no murió en ese intento, pero fue
asesinado un poco después en el Callejón del Muro.
Monumento a los caídos en el asalto al cuartel de la policía de la calle Santa Rita (actual Museo de la Lucha Clandestina)
Museo de la Lucha Clandestina
Niña vestida de verde olivo ante una corona funeraria en homenaje a los caídos en esa acción revolucionaria del 30 de noviembre de 1956
[30/11 6:45 p. m.] Mientras tanto, las cenizas de Fidel han iniciado su
último viaje a Santiago, donde llegarán
el día 3. Las manifestaciones de dolor popular son impresionantes, como lo fue
el acto de ayer en la Plaza de la Revolución de La Habana. No sé si allá están
poniendo las imágenes. Hoy, las carreteras llenas de gente para ver pasar el
armón con la cenizas...
Cuartel Moncada, señales del asalto del 26 de julio de 1953
Fumigación en la Plaza de Marte, a estas horas debemos trener la piretrinemia a millón!!
Vista de Santiago desde el final de la escalinata de la calle Padre Pico
UNO DE DICIEMBRE
[1/12 4:07 p. m.] Reportando, día 1 de diciembre. Creo que se han
desbordado todas las previsiones sobre la respuesta de la gente al paso de la
caravana "inversa" donde viajan los restos de Fidel (como sabéis se
está repitiendo el mismo trayecto que hizo el Comandante con los barbús del 1 al 8 de Enero de 1959,
tras el triunfo de la Revolución, en aquella ocasión de Santiago a La
Habana y ahora justo al revés). Ha dicho Ramonet (Le Monde Diplomátic) que al acto de la plaza de la Revolución de La
Habana acudieron unos dos millones de personas. Más le valdría al periodista y escritor tentarse la ropa antes de decir ciertas cosas, no sea que "los defensores de la libertad de expresión" le boten de algún otro medio o tribuna donde aún le dejen escribir o hablar (ver http://bit.ly/2hGFDqf)
[1/12 4:29 p. m.] Lo digo porque como sabéis ayer salió la caravana.
La previsión como dijimos era que "durmieran" en Sta. Clara,
pero a las 10 de la noche seguían por las calles de Cienfuegos, por
donde apenas podían caminar por la cantidad de gente que salió al paso del
cortejo, que casi no cabía en las aceras. Alguien dijo que la práctica
totalidad de la población de Cienfuegos se había “botao p'a la calle”. Mientras
tanto, en Sta. Clara esperaban para realizar un acto de homenaje en
la plaza, junto al mausoleo del Che. Seguro que recordáis las distancias…
[1/12 4:31 p. m.] No sé a qué hora llegarían pero esta mañana a las 9
andaban por Placetas, y habían dejado atrás las Villas. Es muy impactante ver
también las imágenes de las carreteras al paso de la comitiva: es difícil
encontrar algún espacio sin ocupar en los arcenes y cunetas. Casi todo el mundo
emocionado, mucha gente llorando y casi todos gritando consignas. Por cierto la
más oída es: "Yo soy Fidel". Bueno, hoy supuestamente deben
"dormir" en Camagüey...
[1/12 9:33 p. m.] Hice un pequeño “pesquisaje" a mi alrededor sobre el
comentado asunto de la ley seca. Aquí lo engloban todo en el saco del simbolismo.
Como sabéis este país es de símbolos, mucho más en circunstancias como estas.
Para ellos se trata de una demostración adicional de duelo. A los pioneros,
por ejemplo, no les dejan llevar las pañoletas estos días. Y si te
pones a pensar desde cualquier punto de vista ¿qué mal hacen a nadie las criaturas
con ellas?
[1/12 9:36 p. m.] Y el altarcito laico que colocaron en la puerta del
edificio...
DOS DE DICIEMBRE
[2/12 5:00 p. m.] Cubañoles todos, la caravana sigue, hoy deben
dormir en Bayamo, tras pasar por Holguín, y mañana llegará a Santiago. En
la noche de ayer, en Camagüey, hicieron "una vigilia" por
el Comandante. Un pequeño acto cultural con actuaciones de algunos trovadores
locales. Lo que más disfruté, acordándome de vosotros, fueron algunas
interpretaciones de conocidos temas de Silvio. Por cierto que Silvio fue quien
primero recogió en su blog "Segunda cita" el fallecimiento de
Fidel con un emotivo mensaje. No en vano ha sido de todos los artistas de
la Nueva Trova, quien más próximo se ha mantenido a los principios
revolucionarios y a la estructura política. En la actualidad es diputado
a la Asamblea Nacional del Poder Popular.
[2/12 5:00 p. m.] Entre los temas que más gocé, precisamente porque Camagüey
fue ayer el centro del universo cubano, está la canción de El Mayor: "El hombre
se hizo siempre de todo material, de vías señoriales, o barrio marginal,
toda época fue pieza, de un rompecabezas, para subir la cuesta del gran
reino animal. Con una mano negra y otra blanca mortal. Mortales ingredientes,
armaron al Mayor, luz de terratenientes y de Revolución.... Va cabalgando,
el mayor con su herida, y mientras más mortal el tajo es más de
vida..."
[2/12 5:05 p. m.] También sonaron "Y cómo pasa el tiempo, que de
pronto son años, sin pasar tu por mi, detenida. Te doy una canción, y abro una
puerta, y de las sombras sales tú..."
[2/12 5:14 p. m.] Y "Vivo en un país libre, cual solamente puede
ser libre, en esta tierra, en este instante, y soy feliz porque soy
gigante, amo a una mujer clara, que amo y me ama, sin decir nada,
o casi nada, que no es lo mismo pero es igual..."
Y, por supuesto, “Ojala que las hojas no te toquen el cuerpo cuando
caigan,para que no las puedas convertir
en cristal, ojala que la lluvia deje de ser milagro que baja por tu cuerpo,ojala que la luna pueda salir sin ti, ojala que la tierra no te bese los
pasos…”
[2/12 10:32 p. m.] Bueno, se supo que mañana, al acto de aquí, en
Santiago, acudirán también Jefes de Estado, de Gobierno y otras
personalidades. Entre otros se espera a Dilma y a Lula...
[2/12 10:33 p. m.] Hace calor de nuevo. De ese calor que empapa, ya sabéis
de lo que os estoy hablando.
[2/12 10:34 p. m.] A estas horas, las cenizas de Fidel andan dando
vueltas por las calles de Holguín...
TRES DE DICIEMBRE
[3/12 1:09 a. m.] Están pasando en la tele un videoclip titulado
"Cabalgando con Fidel", de Raulito Torres, un trovador
"de los nuevos" (en realidad no tan nuevo) del grupo de Pablo
Milanés, muy bonito y emocionante, a ver si lo podéis ver por
allí.... "Ni la muerte cree que se apoderó de ti".... "No hay ningún
altar sin una luz por ti"
[3/12 3:04 p. m.] Volviendo al videoclip, dijeron que los compositores e intérpretes estaban grabando en la Egrem cuando supieron la noticia y entonces, impresionados por ella, compusieron la canción, la grabaron y filmaron el videoclip... Todo eso en 40 horas!!! Hoy se ha convertido ya en un himno. La ponen en todos los sitios continuamente. Ayer los autores la interpretaron en la vigilia que se hizo en Bayamo ante las cenizas. A ver si podéis escucharla y ver el video...
[3/12 5:25 p. m.] Chic@s, por cierto que ayer me volví a acordar de
ustedes, porque hablando en la TV del papel y el empeño de Fidel por
crear el germen del movimiento científico cubano desde el inicio de la Revolución, contaron cómo impulsó la creación del IPK tras la terrible epidemia de dengue hemorrágico de 1981, y también hablaron de sus orígenes. Salieron imágenes
actuales y antiguas, entrevistaron al director y se refirieron a las
generaciones de cubanos y extranjeros que se han formado en Medicina Tropical
en esta institución. Va por ustedes, bueno, sobre todo por
algun@s...
[3/12 8:40 p. m.] Día 3 de diciembre, la TV mostró imágenes de la
caravana ingresando en Santiago a las 12 de la mañana por Quintero y la Avenida
de las Américas. Atravesó los barrios más populares de esta ciudad histórica,
el distrito José Martí, Sampedrito, hasta el Parque Céspedes. Cuando
enfiló Trocha hacia carretera del Morro, bajamos a la calle, pues el
recorrido incluía el barrio donde vivo, el Antonio Maceo, y calculamos
que el momento se acercaba.
Desde temprano la gente ocupaba la calle. Niños y grandes, médicos,
enfermeras (hoy es el día de la Medicina Latinoamericana), obreros,
babalaos y hasta algunos de eyabó, empleados de comercio, en fin todos, pues juntos viven
en el mismo barrio, en el mismo edificio, compartiendo estrecheces e ilusiones,
como para argumentar este sorprendente portento de una sociedad
extraordinariamente ajena a las clases sociales, todos y todas luciendo
banderas cubanas y brazaletes del 26 de julio.
[3/12 8:50 p. m.] En las fachadas desconchadas de los edificios,
banderas, sábanas, blumers, matapasiones
y bajichupas se funden en la tarde santiaguera abrasados por el aire
calcinante…
CUATRO DE DICIEMBRE
[4/12 2:23 p. m.] (Continúo contando lo que vivimos ayer, día 3 de
diciembre) ..Las aceras a rebosar. En la esquinita los muchachos y muchachas
discapacitados de la Escuela Especial Mariana Grajales, impecablemente vestidos
con sus uniformes de blanco y rojo, comenzaron a agitar con frenesí sus
banderitas cubanas cuando el helicóptero que acompaña a la caravana fúnebre
rugió sobre nuestras cabezas. Uno de ellos, con síndrome de Down, exclamó:"Oh,
qué lindo avioncito!"
[4/12 2:24 p. m.] La presencia de la aeronave era la señal inequívoca de
que la comitiva abandonaba los altos de Versalles y entraba en nuestro barrio.
La gente se apretujó un poco más y comenzaron a brotar espontáneamente de todas las gargantas las consignas conocidas "Yo soy Fidel,
yo soy Fidel!"
[4/12 3:49 p. m.] Mientras los carros aparecían, el ondear de las
banderitas se aceleró tanto como las respiraciones de quienes las movían y
justo cuando los gritos más arreciaron, el armón con las cenizas del Comandante
pasó delante de nosotros, dentro de la empañada urna de cristal. De repente, el
silencio más absoluto. Miré a mi derecha y observé la fila de mujeres, hombres
y niños allí congregados y me estremecí: no había un solo rostro sin una
lágrima.
[4/12 5:09 p. m.] Por la tarde, acto en la plaza de la Revolución
Antonio Maceo de Santiago. Inmensa, impresionante. Casi sin poder
movernos y bañados en sudor asistimos a la despedida que le brindaron, aquí,
las organizaciones populares cubanas y el pueblo santiaguero.
Estaban presentes algunos Jefes de Estado y Gobierno de otros países,
pero a diferencia de lo ocurrido días antes en laimpresionante despedida de La Habana, no intervinieron.
Fue un acto, también, muy emotivo. Señalaría el anuncio que hizo Raúl de
que por expreso deseo de Fidel no habrá nunca una calle, una
escuela, un parque, una estatua ni un monumento que lleve su nombre
o sea dedicado a su memoria. Lo cierto es que tal anuncio desconcertó a
la concurrencia y la llenó de perplejidad. Tanto como a muchos dirigentes allí
presentes que sin duda sueñan con pasar a la posteridad rociados de cagadas de
paloma después de transmutarse en busto inerte en algún rincón del mundo.
[4/12 5:13 p. m.] Es la traducción coherente de una idea fija del
desaparecido líder: el combate al culto a la personalidad. Algo
extraordinariamente difícil para un pueblo como este que con tanta facilidad
hace de las gestas, religión, y de sus protagonistas, profetas...
[4/12 6:06 p. m.] Otro detalle, de entre los presentes la gente
dedicó grandes aplausos y mucho cariño a Dilma y Lula, a los presidentes
latinoamericanos más cercanos a la Revolución (Maduro, Evo, Ortega, -a esta
cita no acudió Correa, que sí estuvo 4 días antes en el acto de La Habana), a los
Cinco Héroes, a Raúl, a los presidentes de Angola y de Sudáfrica, y al Presidente
y a algunos ex_Presidentes de Haití.
De lo todo lo que pasó en la plaza os dejo estas fotos y estos videos:
SIETE DE DICIEMBRE DE 2016
[7/12 6:59 p. m.] Hoy he visitado el cementerio de
Santa Ifigenia y, allí, la tumba de Fidel. Está para siempre dentro de una roca
que representa el fruto de una mazorca. El vigilante explica a los turistas que
con ello el Comandante quiso cumplir, de forma simbólica, con la máxima de
Martí que dice que toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz.
Tuve tiempo también de recorrer el camposanto bajo un
sol de injusticia y detenerme ante las tumbas del propio José Martí, de Carlos
Manuel, de Mariana Grajales, la madre de los Maceo, de Frank País, y también
de Miguel Matamoros, Compay Segundo y otros muchos grandes de la historia de
Cuba.
LOS EPÍLOGOS
PRIMERO
Ya en La Habana cumplimos el encargo de visitar a la tía
Gladys, que lleva siete meses ingresadaen el Hospital Carlos J. Finlay. Siete meses, siete. Se trata de un
centro de tercer nivel dotado de tecnología sanitaria avanzada, de referencia nacional para
algunos problemas muy complejos y por el que no pasaba hacía varios años. La
tía, una humilde santiaguera empleada de comercio de unos 50 años,
presentóhace meses un lupus eritematoso
sistémico, de muy mala evolución, con graves afectaciones, en especial
vasculares, cerebrales y
oftálmicas.Conocí por su propio relato
(como es lógico en todo este tiempo ingresada en el pabellón de dermatología de
dicho centro se ha hecho una experta en lupus) las múltiples complicaciones
sufridas, muchas de ellas muy graves, y los diferentes tratamientos
farmacológicos, biológicos y quirúrgicos que ha seguido, así como otras
terapias emergentes de última generación a las que ha sido sometida. Pude
confirmar todo ello conversando con uno de los médicos que la tratan, y calculé
en muchas decenas de miles de dólares el coste de ese tratamiento, del que, como sabíamos,
ella no ha pagado ni un céntimo. La situación ha ido evolucionando
favorablemente y con gran regocijo nos contó que pronto podrá irse a su casa. Y
pensé: ¿una trabajadora modesta en un país pobre y bloqueado con una enfermedad
grave con muchas complicacionestratada
y curadaen un centro hospitalario
puntero mediante una terapia de última generación? Sí! Es Cuba! Y, claro, es la
Revolución, es la obra de Fidel. Es un sistema al servicio de la gente. No lo
duden, en la Cuba que algunos reclaman, si se instaurase la falsa democracia*
que exigen, esa que aniquila los derechos elementales de las personas, la del
ultra-liberalismo y el capitalismo feroz que no cree en la gente, la que campea en otros mucho países de América Latina, en
esa Cuba la tía Gladys estaría muerta hace mucho tiempo.
(*) N del A: la
experiencia nos demuestra que llaman así a aquél sistema mediante el cual unos se
hacen inmensamente ricos a costa de la mayoría, que se hace inmensamente pobre.
¿A que le suena? ¿Y los derechos, dice? No hombre, a los que defienden eso no
les vaya con pamplinas…
SEGUNDO
El pueblo cubano es fidelista. Donde se dice “el pueblo
cubano” debe leerse “la inmensa mayoría del pueblo cubano”.Yo ya lo suponía pero lo vivido durante
todos esos días, lo visto, lo oído, lo sentido, lo conversado con cientos,
quizás miles, de cubanos de a pie en las calles, las casas, los centros de
trabajo, las cafeterías… me ha confirmado que estaba en lo cierto. Contrasta la
realidad vivida y palpada con la idea que tiene la gente en España de todo
ello, absolutamente tergiversada, distorsionada y profundamente equivocada. Es,
lógicamente, el resultado de la permanente desinformación a la que sobre Cuba y
su Revolución someten a los ciudadanos los medios de comunicación aquí. Todos.
Es el pensamiento único. Hoy se puede decir que es prácticamente imposible
encontrar en España una información fiable y mínimamente veraz sobre aquél país y su realidad. Y viva
la libertad de expresión. El pequeño análisis bibliométrico de lo publicado en
los 30 días posteriores a la muerte de Fidel en el diario El País así lo
demuestra (ver: http://bit.ly/2i3G7bx). La falsificación adquiere talgravedad que a mi vuelta he podido pulsar la
opinión de muchas personas bienintencionadas y he comprobado que una gran parte
cree que la mayoría de los cubanos se sintió feliz con la muerte del
Comandante. Existe, no obstante, un cierto número, los que podemos denominar de
mentalidad más abierta, que presumen de su espíritu crítico con la información
que dan los medios de comunicación, que calculan que la mitad de los cubanos lo
sintió y la otra mitad no. Absolutamente falsas ambas conclusiones. Pero todo
tiene su por qué, verán…
El sábado 3 de diciembre comía en el restaurante del Hotel
Libertad, en la Plaza de Marte de Santiago de Cuba, cuando una mujer se dirigió
a mí preguntándome si era español. Enseguida identifiqué a una conocida
corresponsal de TVE en EEUU quien sin duda andaba “destacada” en Cuba para
cubrir los acontecimientos. Después de aclararle, ante su curiosidad, qué hacía
yo allí, me preguntó con gran interés, qué me parecía lo que estaba viviendo. Y
le respondí con absoluta franqueza: “Está todo el mundo conmocionado”. Noté que
su sonrisa se congelaba casi tan deprisa como decaía su interés por mis opiniones
y yo perdía mi gran oportunidad de pasar a la historia contando algunos cuentos
en el telediario primera edición. Se volvió, displicente, hacia su plato
mientras me despedía de facto mascullando entre dientes: “Bueno, sí, pero en La
Habana no tanto”. Salí del lugar y, deformación profesional, calculé la
intensidad que la propia periodistaconcedía al fenómeno según su opinión. A ver, a mano alzada, contando
con los dedos en este ejercicio de epidemiología de andar por casa, si admitió
que “todo el mundo” estaba conmocionado en Santiago y que en La Habana era algo
menos, estaba admitiendo de hecho la tesis principal de este argumentario. O sea que,
como les decía, el pueblo cubano, léase la inmensa mayoría del mismo, es fidelista.
TERCERO
Continuando con el lamentable asunto de la desinformación
(mal)intencionada que sobre Cuba padecemos en España, recuerdo que oí una vez a
la Profesora de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense de Madrid,
Ángeles Diez, decir que no debemos esforzarnos demasiado en intentar convencer
de la verdad a quienes propalan infundios y mentiras sobre Cuba, porque ellos la conocen, aunque no les importe, porque su trabajo, su aportación pagada o
voluntaria a la construcción de un mundo más injusto e insolidario, es precisamente
esa, la de engañar hasta hacernos creer a todos que otro mundo, otro sistema, en fin que todo lo que representa Cuba, es imposible. Siempre he pensado
que eso era así, pero ha ocurrido algo que no me resisto a contaros y que me ha
hecho cambiar de opinión. Pueden darse casos, de hecho según se verá se dan, en
que los propios falsarios, tan habituados a contar siempre los mismos cuentos
manidos, se creen sus propias
mentiras.
Es lo único que puede desprenderse del
patético fragmento de una entrevista en la cadena de radio COPEel día 28 de noviembre, en la que el
“conductor” del programa estrella de la emisora,Carlos Herrera, con su penoso plantel detertulianos/as (a destacar Chencho Arias, el de la guerra de Irak),
pide su opinión sobre lo que está pasando, sobre Cuba, Fidel y la Revolución, a
un conocido disidente cubano que vive en Miami, declarado enemigo del líder fallecido, el escritor y periodista
Norberto Fuentes. Le llaman, sin duda y en relación a su abultado historial
crítico, para que hable mal de Fidel y de su obra, pero las sandeces,
inconsistencias, y ”lugares comunes” como dice el miamero, son tan grandes y absurdas (las mismas palabras huecas y, en sus bocas, faltas de contenido de siempre, a saber, la libertad, la
democracia, el desabastecimiento, la persecución de los diferentes) que el
propio disidente tiene que ponerles en su sitio, dándoles uno de los
más sonoros “zascas” en toda la boca que se recuerdan en la historia moderna de
la radiodifusión. Creo que no tiene desperdicio nada de los casi diez minutos
que dura la pendejada y me parece que explica mucho de lo escrito hasta aquí.
Me atrevo, eso sí, a señalar dos aspectos del máximo
interés: el nefasto tertuliano que fue embajador de España le pregunta
insistentemente a Fuentes, demostrando y reconociendo a la vez su absoluta
ignorancia sobre todo lo que tiene que ver con Cuba, qué explicación puede
tener el hecho de que “una parte importante de la población cubana todavía siga
a Fidel”. Vuelvo a mis cuentas, porque creo que sin darse cuenta el de la
pajarita reconoce la veracidad del núcleo principal de esta tesis, que no es otro que el pueblo cubano es
fidelista. Dueño de sus propios eufemismos delatadores, sin duda, donde dice
“una parte importante” quiere decir “la inmensa mayoría”. Gracias Chencho.
La otra es que, de
toda la grabación hay algo que por encima de mentiras, distorsión premeditada y
tópicos manidos, produce cierto escalofrío. Yo lo llamo “arrogancia cultural”
que en este caso raya la estupidez supina. Cuando alguien que sin duda conoce y
vive, incluso en el exilio, la realidad de Cuba mucho mejor que cada uno de
ellos, infinitamente, que además es contrario al fallecido líder, como ellos,
cuando ese individuo les dice y les indica de todas las formas posibles que
están equivocados, la reacción del grupo de farsantes es la de tratar al
entrevistado poco menos que de loco, demenciado, ciego, chauvinista, y no sé cuántas cosas más. Un poco de sentido
común, del que carecen, les hubiera recomendado deducir algo así: “Coño, a ver
si los que estamos equivocados vamos a ser nosotros”. Oiganlo aquí:
CUARTO, ÚLTIMO Y FESTIVO PUNTO FINAL
Poco antes de regresar, una noche, entré en el Hotel Vedado
y en el bar del lobby me tomé una cerveza. Un grupo musical entrelazaba
guarachas con sones y sones con guajiras cuando pasó esto que pueden ver en los
videos que pongo a continuación. Quiero llamar la atención de la situación que
allí se observa pues vivo rodeado de buenos amigos que, acariciando ya el
retiro dorado del fin de la vida laboral, se preguntan todos los días qué hacer
y dónde cuando el momento llegue. Vean, vean. Creo que no hay duda: bailar y
en Cuba.
Lo dicho, sabrosura y calidad. Ahí os quedáis. Abrazos,