(Fotografía de Uri Vagham, La Habana, 2003)
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lunes, 30 de agosto de 2021

Let Cuba live (1ª parte)

 

A Lázaro Díaz, amigo, socio, hermano,
Al que le abandonaba la vida mientras el último y frustrado asalto del imperio se cernía sobre Cuba.
Él, que vivió tantos y tanto luchó contra ellos, desde su puesto de jefe de la Defensa de la Plaza de la Revolución, en la crisis de octubre de 1962, al lado del Che, hasta nuestros días.
A él, que tanto me enseñó sobre Cuba, sobre cómo quererla y defenderla.
Que siempre me recordaba que éramos gente de Patria o Muerte, aunque no hiciera falta. 
Siempre en nuestra memoria y en mi corazón.


Justina Chong; El cosechero (República Popular China), Exposición Let Cuba Live, Instituto Tricontinental de Investigación Social


La trinchera siempre está a un lado, si está enmedio la ocupó el enemigo.

A menudo disiento, por su imprecisión, del lema que saluda al visitante que llega al pueblo guantanamero de Caimanera. Cuando visité esa bella localidad acompañado de Lázaro, mi yunta, me lo encontré así, de sopetón: “Bienvenidos a la primera trinchera antiimperialista” porque, aunque se entiende que su situación fronteriza con ese pedazo de Cuba usurpado por los EEUU y dedicado a Base Naval en territorio extranjero le permite exhibir ese bello título, parece más certero plantear que realmente toda Cuba sea esa trinchera. Trinchera a su pesar y sometida a una guerra implacable por parte de los EEUU desde hace más de 60 años, comercial, financiera, militar, mediática, mercenaria, diplomática y no sé cuántas modalidades más le serían aplicables. Como consecuencia de ello y como corresponde a esa categoría de resistencia, su margen de maniobra es escaso, su exigencia de unidad interna, vital, y su eventual concesión a las demandas imperialistas, un suicidio.

Lo aprendí hace muchos años y así me lo contaron cuando me interesaba por el fundamento de algunas medidas que tomaban las autoridades cubanas, para mí incomprensibles incluso en el contexto del que tratamos. “Es la ley del todo o nada”, decían, no existen las posturas intermedias porque esas son las que pretenden quienes desde dentro o desde fuera buscan crear la brecha que acabará por destruirlo todo y hay que asumir que, como en toda guerra, situarte en un bando es aceptar todo por unanimidad sin concesiones a los matices ni a las medias tintas.

Por eso me cuesta entender algunos planteamientos que hacen ahora algunas personas que nutren y han nutrido de forma nítida las filas revolucionarias. Creo que la primera vez que lo noté fue hace unos meses, cuando los sucesos mercenarios de San Isidro. Leí con cierta perplejidad una declaración de la UNEAC, me parece que del grupo de la Isla de la Juventud, que se situaba en una postura “intermedia” entre, no es textual pero creo recoge bien lo que se declaraba, “los radicales de la revolución y los que defienden el fin de esta a toda costa”, incluyendo en este último planteamiento la intervención militar de la potencia extranjera. Me dio que pensar pues era un punto de vista totalmente novedoso para mí, en clara contradicción con la teoría dicotómica expresada antes y que siempre me llevó a confirmarme en un extremo de este escenario, cuando tiendo a hacerlo más en los tercios medios. No les diré qué punto escogí ante este dilema, pero sí por qué lo hice: no puedo entender la equidistancia en la situación de Cuba. Bueno, en realidad lo que pasa es que sí la puedo entender, porque para mí es una versión dulcificada del extremo contrarrevolucionario, es admitir como válido el papel del poli-bueno torturador que, buscando lo mismo que el poli-malo, te arrancan la rendición para que el feroz no acabe contigo, es asumir la tercera vía que, cuando alcanza su objetivo, enseña su cara verdadera que no es otra que la de siempre, es dar por válida la edición actualizada de la revolución de los colores, el fundamento de la nefasta primavera árabe trasladada al Caribe, es, en fin, confirmar sin ambages el golpe blando que la hipocresía de los tiempos les ha obligado a desarrollar para conseguir lo que nunca lograron en Cuba aunque sí en otros paises con el golpe duro, el de la bota y el fusil del generalote infame traidor a su pueblo.